sábado, 6 de junio de 2009

NIETZSCHE: EL CREPÚSCULO DE LOS ÍDOLOS

En El crepúsculo de los ídolos, obra de Nietzsche que lleva por subtítulo Cómo se filosofa a martillazos y fue escrita en 1888, presenta éste una crítica a la cultura occidental demoledora, que se extiende a la ciencia positivista, las religiones judaica y cristiana, la moral socrático-platónica y la filosofía tradicional.

En el capítulo que lleva por título “La ´razón´ en la filosofía”, tras calificar la idiosincrasia propia de los filósofos como una ausencia de sentido histórico, pone el nombre de Heráclito, con veneración, al margen de la tradición filosófica que critica. En los siguientes párrafos, se opone a la separación que hace la filosofía entre lo real y lo aparente, ya que “el mundo ‘aparente’ es el único; el mundo ‘verdadero’ no es más que un añadido mentiroso”. Por tanto, los sentidos no nos engañan, lo que introduce la mentira es lo que nosotros hacemos de su testimonio… La razón es la causa de que nosotros falseemos el testimonio de los sentidos, empeñándose en que las cosas sean algo fijo, en “deshistorizar, en crear momias conceptuales”.
Además de eliminar el tiempo, los filósofos han confundido lo primero con lo último, ya que la metafísica se guía por los “conceptos supremos”, que no sólo no deberían estar al principio de la filosofía, sino que ni siquiera deberían existir. Pues de este modo lo único que se consigue es considerar como lo más real lo que sólo es vacío, producto de mentes enfermas.
La razón nos lleva a utilizar un lenguaje donde las palabras olvidan su carácter metafórico y quieren suplantar a las cosas y nos vemos atrapados por su lógica, sus reglas, su gramática –“la gramática, esa gran ramera”, dirá Nietzsche- terminando por ver la realidad como la representa el lenguaje. Así, acabamos viendo causas, sustancias, sujetos, etc., añadiendo ser –convirtiendo en real- a algo que sólo son palabras. Mientras siga existiendo la gramática, mientras que el lenguaje esté teñido de las categorías de la razón, seguiremos engañándonos respecto a la realidad.

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