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miércoles, 4 de diciembre de 2019

¿NACEMOS O NOS HACEMOS DEMÓCRATAS?

¿Nacemos o nos hacemos demócratas? Esta es la cuestión. Si admitimos que se trata de una cuestión puramente genética, carece de sentido educar en valores y procedimientos cívico-democráticos. Pero si, por el contrario, consideramos que no es así, sino que la democracia es una entre las posibles formas de organizar la convivencia humana –la menos mala, que dijera W. Churchill-, entonces habremos de concluir que es imposible lograr una madurez democrática sin recurrir a la educación, única vía complementaria a la genética con que contamos los seres humanos. Sorprende, por tanto, que se proponga eliminar la Educación para la Ciudadanía como alternativa a la Religión en el Bachillerato de Andalucía, cuando, de hecho, lo aconsejable sería que fuese obligatoria, porque cualquier ciudadano debe conocer los valores y procedimientos cívico-democráticos compartidos, independientemente de las creencias que pueda tener cada cual.

Si no nacemos demócratas, ni es posible la democracia sin demócratas, podemos preguntarnos: ¿Qué intereses puede haber detrás de que las jóvenes generaciones ignoren el sentido profundo de cuestiones tan básicas como, por ejemplo, que el primer artículo de nuestra Constitución define a España como “un Estado social y democrático de Derecho”? ¿Qué fin se pretende con que los escolares ignoren que entre las principales amenazas para la democracia encontramos la demagogia o uso interesado de la mentira; la información tendenciosa; la corrupción institucional; el anteponer el interés privado al público; una justicia de la que pudiera cuestionarse su imparcialidad; etcétera? ¿Qué propósitos puede haber detrás de la negación a las generaciones futuras a conocer sus derechos, (los Derechos Humanos), y sus obligaciones, así como sus fundamentos? ¿Qué objetivos puede haber detrás de no formar para que se conozcan las distintas opciones ideológicas, sus fundamentos y consecuencias? ¿Qué miedos ocultos puede haber para negarse a aceptar que solo una ciudadanía formada puede informarse con espíritu crítico y ejercitar su libertad con plenitud? ¿Qué intereses puede haber en promover una ciudadanía pasiva, apática, desencantada y desinteresada del ejercicio de sus derechos y deberes políticos? ¿Qué fin se pretende al forjar una ciudadanía que careciendo de ideas claras sobre los asuntos públicos limite su participación a un no sabe/no contesta? ¿Qué intereses puede haber para que estos u otros contenidos semejantes, relacionados con la necesaria convivencia democrática y los Derechos Humanos, dejen de estudiarse en las aulas?

(Se trata de un extracto de un artículo más antiguo del autor -el titular de este blog- que se publica en esta ocasión con motivo del proyecto de eliminación de la asignatura Educación para la Ciudadanía como alternativa a Religión en el Bachillerato de la comunidad autónoma de Andalucía)

jueves, 29 de marzo de 2018

SOBRE REDES SOCIALES, USO DE DATOS PRIVADOS Y POTENCIALES PELIGROS.

FACEBOOK


Puedo equivocarme, pero no veo más que hipocresía en el escándalo que se generó en torno a Facebook y Cambridge Analytica por la utilización de datos personales de 50 millones de fulanos para diseñar, entre otras cosas, estrategias de atracción de votos. Medio planeta sube a la web, desde hace tiempo, datos de su intimidad más dura y deja allí un largo rastro de pornografía cotidiana. Se puede elegir creer en cualquier cosa —en Buda o en la Bolsa de Nueva York— pero, más que fe, hay que tener candidez o ceguera para mantenerse en la ilusión de que ese material jamás será utilizado por nadie. Aun quienes no usamos redes sociales dejamos rastros en la web que vuelven bajo la forma de sospechosas publicidades dirigidas y ofertas de hoteles en Wichita sólo por hacer una búsqueda en Google Maps. Creer que podemos volcar en las redes un vómito aluvional de información privada, y que nadie hará nada con eso en su beneficio, es como creer que se puede criar a una pantera en un armario. Una red social que se alimenta como un vampiro de la intimidad de las personas no es una organización filantrópica, y este escándalo no parece más que una prueba concreta de algo que era obvio: nos miran, nos espían, nos evalúan, y lo hacen con nuestra colaboración —porque les proveemos los datos—, pero elegimos pensar que no lo hacen con nuestra anuencia. Leí en este periódico que el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, comentó, cuando aún estaba en Harvard, que le sorprendía “que la gente compartiese con él tantos datos con sólo poner un formulario y pedir que lo rellenase para entrar en su invento”. Recordé entonces un tuit que encontré hace tiempo: “Están reventando la intimidad para que se vuelva un lujo y haya que comprarla”. Ese es el negocio del futuro: vender privacidad a quien pueda pagar por ella. Serán muy pocos.

Fuente: Leila Guerrero ( https://elpais.com/elpais/2018/03/26/opinion/1522085125_187439.html )
También se recomienda  especialmente la entrevista: https://elpais.com/internacional/2018/03/26/actualidad/1522058765_703094.amp.html

jueves, 29 de diciembre de 2016

SOBRE EL NEOLIBERALISMO EN LA ACTUALIDAD. (NOTAS A PROPÓSITO DE LA LOMCE)

EL NEOLIBERALISMO: LA IDEOLOGÍA EN EL ORIGEN DE TODOS LOS PROBLEMAS (George Mombiot)

Imagina que las personas que vivieron en la Unión Soviética nunca hubieran oído hablar del comunismo. Para la mayoría de nosotros, la ideología que domina nuestras vidas no tiene un nombre asociado a ella. Intenta mencionarlo en una conversación y recibirás a cambio un encogimiento de hombros. Incluso si tus interlocutores han escuchado el término antes, les costará trabajo definirlo. Neoliberalismo: ¿sabes lo que es?
Su anonimato es al mismo tiempo un síntoma y la causa de su poder. Ha desempeñado un papel protagónico en una gran cantidad de crisis: el colapso financiero de 2007-2008, las triangulaciones offshore de capital y poder, de las que los Panama Papers nos muestran apenas la punta del iceberg, el lento colapso de los sistemas de salud y educación públicos, el resurgimiento de la pobreza infantil, la epidemia de soledad, el colapso de los ecosistemas, el ascenso de Donald Trump. Pero respondemos a estas crisis como si emergieran de la nada, como si no nos diéramos cuenta de que todas han sido catalizadas o exacerbadas por la misma filosofía sistemática; una filosofía que tiene —o tuvo— un nombre. ¿Qué demostración de poder más grande que poder operar sin nombre?
El neoliberalismo ha penetrado con tal fuerza que difícilmente lo reconocemos como una ideología. Parecemos estar de acuerdo con la proposición que describe esta fe milenaria y utópica como si fuera una fuerza neutral; una especie de ley natural, como la Teoría de Evolución de las Especies de Darwin. Pero esta doctrina se forjó a partir de un afán consciente por modificar la vida de los seres humanos y trastocar el foco neurálgico del poder.
El neoliberalismo entiende la competencia como el componente esencial de las relaciones humanas. Redefine a los ciudadanos como consumidores, cuyo mayor ejercicio democrático se produce al comprar o vender, un proceso que recompensa el mérito y castiga la ineficiencia. Sostiene que «el mercado» produce beneficios que jamás podrían obtenerse mediante la planeación pública.
Los intentos por limitar la competencia son vistos como inhibidores de la libertad. Los impuestos y las regulaciones deben ser minimizados, los servicios públicos deben ser privatizados. La organización del trabajo y los contratos colectivos negociados por los sindicatos son vistos como distorsiones del mercado que impiden la formación de una jerarquía natural de ganadores y perdedores. La desigualdad es reformulada como algo virtuoso: una recompensa a la utilidad y generadora de riqueza, que en algún momento gotea hacia abajo para enriquecer a todos. Los esfuerzos por crear una sociedad más igualitaria se entienden como contraproducentes y moralmente corrosivos. El mercado asegura que todo el mundo obtiene lo que merece.
Internalizamos y reproducimos sus credos. Los ricos se persuaden a sí mismos de que han adquirido su riqueza a través del mérito, soslayando las ventajas —como la educación, las herencias y la clase— que pueden haber contribuido a conseguirla. Los pobres comienzan a culparse a sí mismos por sus fracasos, aun cuando es poco lo que pueden hacer para cambiar sus circunstancias.
Olvidemos la existencia del desempleo estructural: si no tienes trabajo es porque no eres emprendedor. Olvidemos los costos estratosféricos de la vivienda: si tu tarjeta de crédito está hasta el tope, es porque eres irresponsable y poco solvente. No importa que tus hijos ya no tengan un espacio al aire libre donde jugar: si están gordos, es tu culpa. En un mundo regido por la competencia, aquellos que quedan rezagados son definidos y se definen a sí mismos como perdedores.
Entre las consecuencias de todo esto, como Paul Verhaeghe documenta en su libro What About Me? [¿Y yo qué?] se encuentran epidemias de laceraciones autoinflingidas, desórdenes alimenticios, depresión, soledad, ansiedad para funcionar cotidianamente y fobia social. No debe sorprendernos que Gran Bretaña, en donde la ideología neoliberal ha sido aplicada de forma más rigurosa, se haya convertido en la capital europea de la soledad. Ahora todos somos neoliberales.

* * *

El término neoliberalismo fue acuñado durante un congreso en París, en 1938. Entre los delegados asistentes, había dos hombres que definieron dicha ideología, Ludwig Von Mises y Friedrich Hayek. Exiliados de Austria, ambos veían la democracia social, ejemplificada a través del New Deal de Franklin Roosevelt, y el gradual desarrollo del Estado de bienestar británico, como manifestaciones de un colectivismo que ocupaba el mismo espectro que el nazismo y el comunismo.
Cubierta Camino SERV. espa
Camino de servidumbre de F. A. Hayek
En Camino de servidumbre, publicado en 1944, Hayek argumentaba que la administración gubernamental, al aplastar el individualismo, conduciría inexorablemente al control totalitario. Al igual que Burocracia de Von Mises, Camino de servidumbre fue ampliamente leído. Llegó a las manos de personas muy ricas, que encontraron en dicha filosofía una oportunidad de liberarse de las regulaciones y los impuestos. Cuando, en 1947, Hayek fundó la primera organización encargada de difundir la doctrina del neoliberalismo —la Mont Pelerin Society—, fue financiada por fundaciones de millonarios.
Con su ayuda, comenzó a crear lo que Daniel Stedman Jones describe en Masters of the Universe [Amos del universo] como «una especie de internacional neoliberal»: una red trasatlántica de académicos, empresarios, periodistas y activistas. Los acaudalados seguidores del movimiento financiaron una serie de think tanks que sofisticarían y promoverían la ideología. Entre ellos se encontraba el American Enterprise Institute, la Heritage Foundation, el Cato Institute, el Institute of Economic Affairs, el Centre for Policy Studies y el Adam Smith Institute. También patrocinaron plazas y departamentos académicos, particularmente en las universidades de Chicago y Virginia.
Conforme fue evolucionando, el neoliberalismo se volvió cada vez más estridente. La visión de Hayek de que los gobiernos debían regular la competencia para evitar la formación de monopolios cedió su lugar —entre apóstoles americanos como Milton Friedman— a la creencia de que el poder monopólico podía ser visto como una recompensa a la eficiencia.
Algo más sucedió durante esta transición: el movimiento se desprendió de su nombre. En 1951, Friedman felizmente se describía como un neoliberal. Pero poco después, el término comenzó a desaparecer. Más extrañamente aún, incluso cuando la ideología se volvió más sofisticada y el movimiento más coherente, el nombre perdido no fue reemplazado con ninguna otra denominación común.
Al principio, a pesar de su financiamiento prodigioso, el neoliberalismo permaneció en los márgenes. El consenso de la posguerra fue casi universal: las fórmulas económicas de John Maynard Keynes fueron aplicadas ampliamente, el pleno empleo y la asistencia para salir de la pobreza fueron metas comunes en los Estados Unidos y buena parte de la Europa occidental, las mayores tasas impositivas eran altas y el gobierno perseguía metas sociales sin empacho alguno, mediante el desarrollo de nuevos servicios públicos y redes de asistencia.
Pero en los años setenta, cuando las políticas keynesianas comenzaron a desmoronarse y las crisis económicas golpearon ambos lados del Atlántico, las ideas neoliberales comenzaron a formar parte del pensamiento dominante, al tiempo que Friedman señalaba que «cuando llegó el momento de cambiar… había una alternativa lista para ser usada». Con la ayuda de periodistas simpatizantes y asesores políticos, elementos del neoliberalismo, especialmente ciertas fórmulas de política monetaria, fueron adoptadas por los gobiernos de Jimmy Carter, en los Estados Unidos, y de Jim Callaghan, en Gran Bretaña.
Posteriormente, Margaret Thatcher y Ronald Reagan llegaron al poder y el resto de medidas no tardó mucho en llegar: exenciones fiscales masivas para los ricos, la demolición de los sindicatos, desregulaciones, privatizaciones, outsourcing y empresas privadas compitiendo por servicios públicos. A través del FMI, el Banco Mundial, el tratado de Maastricht y la Organización Mundial del Comercio, las políticas neoliberales fueron impuestas —a menudo sin ningún tipo de consenso democrático— en buena parte del mundo. Más notable aun fue la adopción de dicha doctrina por partidos que tradicionalmente habían pertenecido a la izquierda: los laboristas y los demócratas, por ejemplo. Como apunta Stedman Jones:
«Es difícil pensar en otra utopía que se haya convertido en realidad de manera tan contundente».

* * *

Puede parecer extraño que una doctrina que promete libertad y la posibilidad de elegir tuviera que ser promovida con el eslogan «no hay otra alternativa». Pero, como Hayek recalcó durante una visita al Chile de Pinochet —una de las primeras naciones en las que el programa fue aplicado de forma cabal— «personalmente prefiero una dictadura liberal que un gobierno democrático desprovisto de liberalismo». La libertad que el neoliberalismo ofrece, que suena tan encantadora cuando se expresa en términos generales, resulta ser libertad para los peces gordos, no para los pececillos.
Estar libre de los sindicatos y de las negociaciones colectivas, significa tener libertad para oprimir los salarios. Estar libre de regulaciones significa tener libertad para envenenar ríos, poner a trabajadores en riesgo, cobrar tasas de interés desorbitantes y diseñar instrumentos financieros exóticos. Estar libre de pagar impuestos significa no estar sujeto a la distribución de la riqueza que permite que las personas salgan de la pobreza.
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La doctrina del shock de Naomi Klein
Como demostró Naomi Klein en La doctrina del shock, los teóricos del neoliberalismo propusieron emplear las crisis para imponer medidas impopulares mientras la gente estaba distraída: por ejemplo como en las postrimerías del golpe pinochetista, la guerra de Irak y el huracán Katrina, descrito por Friedman como «una oportunidad para transformar de manera radical el sistema educativo» en Nueva Orleans.
Ahí donde las políticas neoliberales no pueden ser impuestas de manera local, se imponen por la víía internacional, a través de tratados de libre comercio que incorporan el «arbitraje de diferencia inversor-Estado»: tribunales en el extranjero que pueden ser presionados por corporaciones para retirar protecciones sociales o ambientales. Cuando los parlamentos han votado restringir la venta de cigarrillos, proteger las fuentes de abastecimiento de agua ante las compañías mineras, congelar las tarifas energéticas o impedir que las grandes farmacéuticas desfalquen al Estado, las corporaciones han interpuesto demandas, que en varias ocasiones han prosperado. La democracia queda reducida a un mero teatro.
Otra paradoja del neoliberalismo es que la competencia universal recae en la cuantificación y comparación universales. El resultado es que los trabajadores, los que buscan trabajo y servicios públicos de diversos tipos, a menudo están sujetos a monitoreos y evaluaciones sofocantes y chapuceras, diseñadas para identificar a los ganadores y castigar a los perdedores. La doctrina que según Von Mises nos libraría de la pesadilla burocrática de la planeación centralizada ha, en vez de ello, creado otra variante.
El neoliberalismo no fue concebido como una estafa egoísta, pero pronto se convirtió en eso. El crecimiento económico ha sido notablemente más lento en la era neoliberal (desde 1980 en Inglaterra y los Estados Unidos) que en las décadas anteriores; aunque no es el caso de los muy ricos. La desigualdad en la distribución tanto de los ingresos como de la riqueza, después de 60 años de declive, aumentó rápidamente durante esta era, gracias a la pulverización de los sindicatos, exenciones fiscales, elevadas rentas, privatizaciones y desregulaciones.
La privatización o venta accionaria de servicios públicos tales como la energía, el agua, los trenes, la educación, las carreteras o las cárceles, le ha permitido a las corporaciones instalar casetas de cobro en bienes estratégicos y cobrar renta, ya sea a los ciudadanos o al gobierno, por usarlos. Renta es un término alternativo para el ingreso improductivo. Cuando pagas un precio inflado por un boleto de tren, sólo una parte de la tarifa compensa a los operadores por el dinero que gastaron en combustible, salarios, balances de cuentas y otros enseres. El resto refleja el hecho de que te tienen agarrado del cogote.
Quienes son dueños y manejan los servicios privados o semi privados en el Reino Unido, han acumulado ingentes fortunas al invertir cantidades pequeñas y cobrar precios elevados. En Rusia y la India, los oligarcas adquieren bienes estatales a través de deshaucios. En México, Carlos Slim obtuvo el control de casi todas las líneas telefónicas, así como de los servicios de telefonía móvil, y muy pronto se convirtió en el hombre más rico del mundo.
Why We Can’t Afford the Rich
Why We Can’t Afford the Rich de Andrew Sayer
La extensión de las finanzas a prácticamente todos los ámbitos, como lo señala Andrew Sayer en Why We Can’t Afford the Rich [Por qué los ricos no son costeables], ha tenido un impacto semejante. «Al igual que la renta», argumenta, «el interés, es… ingreso improductivo que se recibe sin ningún esfuerzo de por medio». Mientras los pobres se vuelven más pobres y los ricos más ricos, los ricos adquieren un creciente control sobre otro bien crucial: el dinero. Los pagos de intereses, en su mayor parte, son una transferencia de dinero de los pobres a los ricos. Mientras los precios de los bienes raíces y la retirada de los apoyos estatales saturan de deuda a las personas (pensemos en el cambio de becas al modelo de préstamos escolares), los bancos y sus ejecutivos se sirven con la cuchara grande.
Sayer argumenta que las últimas cuatro décadas se han caracterizado por la transferencia de riqueza no sólo de los pobres a los ricos, sino incluso dentro de las filas de los acaudalados: de aquellos que obtienen su dinero al producir nuevos bienes o servicios, hacia aquellos que hacen su dinero al controlar bienes existentes y obtienen fructuosas rentas o ganancias producto de los intereses o el capital. El ingreso productivo ha sido suplantado por el ingreso improductivo.
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Algo va mal de Tony Judt
Las políticas neoliberales reciben embestidas desde diversos flancos por las fallas del mercado. No sólo los bancos son demasiado grandes como para permitir que quiebren, sino que lo son también las corporaciones encargadas de proveer servicios públicos. Como Tony Judt apunta en Algo va mal, Hayek olvidó que es imposible permitir el colapso de los servicios nacionales de vital importancia, lo que significa que la libre competencia no puede seguir su curso. Las corporaciones reciben los beneficios, el Estado asume los riesgos.
Entre mayores sean los fracasos, más extrema se vuelve la ideología. Los gobiernos utilizan las crisis del neoliberalismo lo mismo como una excusa que como una oportunidad para realizar más recortes tributarios, privatizar lo que queda de los servicios públicos, hacer tajos en las redes de asistencia social, desregular corporaciones y reregular a los ciudadanos. El Estado que se autodesprecia ahora hinca los dientes en cada uno de los órganos del sector público.
Quizá el impacto más peligroso del neoliberalismo no radique en las crisis económicas que ha causado, sino en las crisis políticas. Mientras disminuye el ámbito de influencia del Estado, también se contrae nuestra capacidad para cambiar el rumbo de nuestras vidas a través del voto. En cambio, la teoría neoliberal se afirma: las personas pueden ejercer su capacidad de elegir gastando dinero. Pero hay algunos que tienen más para gastar que otros: en la gran democracia del consumo o de los accionistas, los votos no se distribuyen equitativamente. El resultado es una pérdida de poder por parte de los pobres y de la clase media. Mientras los partidos de la derecha y de lo que solía ser la izquierda adoptan políticas neoliberales semejantes, la pérdida de poder se convierte en dislocamiento. Una enorme cantidad de personas ha sido proscrita de la política.
Chris Hedges ha señalado que «los movimientos fascistas construyeron sus bases no a partir de los políticamente activos sino de los políticamente inactivos, los ‘perdedores’ que sienten, a menudo con razón, que no tienen voz o un papel que desempeñar en el establishment político». Cuando el debate político ya no nos dice nada, las personas responden, en cambio, a eslóganes, símbolos y sensaciones. A los seguidores de Trump, por ejemplo, los hechos y los argumentos les parecen irrelevantes.
Judt lo definió bien al decir que la espesa red de interacciones entre las personas y el Estado se ha reducido a poco más que obediencia y autoridad, que la única fuerza que nos mantiene cohesionados es la fuerza del Estado. El totalitarismo que temió Hayek tiene muchas más probabilidades de surgir cuando los gobiernos, habiendo perdido la autoridad moral inmanente a la procuración de servicios públicos, son reducidos a «persuadir, amenazar y en última instancia coaccionar a las personas a obedecerlos».

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Al igual que el comunismo, el neoliberalismo es un Dios fallido. Pero la doctrina zombi se mantiene en pie, y una de las razones que se lo permiten es su anonimato.
La doctrina invisible de la mano invisible es promovida por banqueros invisibles. Despacio, muy despacio, hemos empezado a enterarnos de los nombres de algunos de ellos. Encontramos que el Institute of Economic Affairs, que ha argumentado con vehemencia en los medios en contra de mayores regulaciones en la industria del tabaco, ha sido secretamente financiado por la British American Tobacco desde 1963. Descubrimos que Charles y David Koch, dos de los hombres más ricos del mundo, fundaron el instituto que originó el movimiento del Tea Party. Encontramos que Charles Koch, cuando montó uno de sus think tanks, recalcó que «para evitar críticas indeseables, la forma en la que la organización se organiza y dirige no debe ser difundida ampliamente».
Las palabras utilizadas por el neoliberalismo normalmente ocultan más de lo que muestran. «El mercado» suena como si fuera un sistema natural que actúa sobre todos nosotros, como la gravedad o la presión atmosférica. Pero está compuesto por relaciones de poder. Lo que «el mercado quiere» tiende a ser lo que las corporaciones y sus jefes desean. «Invertir», como dice Sayer, quiere decir dos cosas muy diferentes. Una es el financiamiento de actividades productivas socialmente útiles, la otra es la compra de activos existentes para extraerles una renta, intereses, dividendos y ganancias de capital. La utilización de la misma palabra para dos actividades muy distintas «camufla la fuente de la riqueza», lo que nos conduce a confundir la extracción de la riqueza con la generación de la riqueza.
Hace un siglo, los nouveau riche eran menospreciados por aquellos que habían heredado su dinero. Los emprendedores buscaron la aceptación social haciéndose pasar por rentistas ellos mismos. Hoy, la relación se ha invertido: los rentistas y herederos se disfrazan de emprendedores. Se jactan de haberse ganado su dinero improductivo.
Estas confusiones y anonimatos se entremezclan con la ausencia de nombres y lugares concretos del capitalismo moderno: el modelo de franquicia que se asegura de que los trabajadores no sepan para quién trabajan; las compañías registradas a través de una red de regímenes secretos offshore tan complejos que ni siquiera la policía puede descubrir quiénes son los beneficiarios; las estrategias fiscales que descoyuntan a los gobiernos; los productos financieros que nadie comprende.
El anonimato del neoliberalismo es celado ferozmente. Aquellos influenciados por Hayek, Von Mises y Friedman tienden a rechazar el término, mientras mantienen —con cierta razón— que hoy en día es utilizado sólo de forma peyorativa. Pero no ofrecen ningún substituto. Algunos se describen a sí mismos como liberales clásicos o como libertarios, pero estas descripciones son tanto engañosas como curiosamente autoindulgentes, al sugerir que no hay nada de nuevo en Camino de servidumbre, Burocracia o en el clásico de Friedman, Capitalismo y libertad.

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Con todo y todo, hay algo admirable en el proyecto neoliberal, cuando menos en sus fases incipientes. Era una filosofía distintiva e innovadora, promovida por una coherente red de pensadores y activistas con un claro plan de acción. Era paciente y persistente. Camino de servidumbre se transformó en camino hacia el poder.
El triunfo del neoliberalismo también refleja el fracaso de la izquierda. Cuando la economía del laissez faire condujo a la catástrofe en 1929, Keynes diseñó una teoría económica cabal para reemplazarla. Cuando la demanda efectiva keynesiana topó con pared en los setenta, había una alternativa lista. Pero cuando el neoliberalismo se colapsó en el 2008 lo que había era… nada. Esto es lo que le permite al zombi seguir caminando. La izquierda y el centro no han producido ningún marco conceptual económico nuevo en los últimos ochenta años.
Cada vez que se invoca a Lord Keynes es una aceptación de fracaso. Proponer soluciones keynesianas a las crisis del siglo XXI supone ignorar tres problemas obvios. Lo primero, que es difícil movilizar a las personas alrededor de ideas viejas; después, que las fallas expuestas en los setenta no se han ido; y por último, más importante aún, no tienen nada que decir acerca de nuestro predicamento más grave: la crisis ambiental. El keynesianismo trabaja estimulando la demanda de los consumidores para detonar el crecimiento económico. La demanda de consumo y el crecimiento económico son los motores de la destrucción ambiental.
Lo que la historia tanto del keynesianismo como del neoliberalismo muestran es que no es suficiente oponerse a un sistema roto. Se tiene que proponer una alternativa coherente. Para los laboristas, los demócratas y la izquierda más amplia, la tarea central tendría que ser desarrollar un programa económico equivalente al Apolo, un intento consciente de diseñar un nuevo sistema, diseñado a la medida de las demandas del siglo XXI.

(Autor: George Monbiot.  Traducción de Diego Rabasa.  Publicado en ReporteSextoPiso http://reportesp.mx/el-neoliberalismo-la-ideologia-en-el-origen-de-todos-nuestros-problemas-george-monbiot)

miércoles, 30 de noviembre de 2016

SÍNDROME DE INMUNODEFICIENCIA SOCIAL. SOBRE LA POSVERDAD (José Antonio Marina)


    Resultado de imagen de jose antonio marina SÍNDROME DE INMUNODEFICIENCIA SOCIAL.

Las sociedades tienen sus propias patologías. El fanatismo y la violencia, por ejemplo. Hace años, describí una enfermedad social apenas atendida. La denominé síndrome de inmunodeficiencia social. La inmunodeficiencia está bien estudiada en individuos: un organismo pierde su capacidad para defenderse contra un agente patógeno. Su sistema inmunitario deja de funcionar. Una sociedad puede también perder esa capacidad y volverse incapaz de aislar, combatir, neutralizar o expulsar los elementos dañinos. Sospecho que España padece esta enfermedad. Es la razón por la que no somos capaces de combatir la corrupción. 

Hoy quiero tratar otra manifestación de esa enfermedad que ha adquirido una virulencia especial en muchos países: la tolerancia a la mentira. Oxford Dictionaries ha elegido el término 'post-truth', posverdad, como palabra del año. Aunque existe desde hace dos décadas, ha saltado a la fama en los últimos meses. En lo que a mí respecta, por sendos artículos en 'Harvard Gazette' (julio de 2016), 'The New York Times' (agosto) y 'The Economist' (septiembre). Luego vinieron muchos más. La posverdad se define como "situación en que las emociones y creencias personales influyen más en la formación de la opinión pública que los hechos objetivos”. Mala definición si pretende definir un fenómeno nuevo, porque ese ha sido un sempiterno mecanismo de manipulación política o publicitaria. Lo nuevo es que una falsedad continúa siendo aceptada a sabiendas de que es una falsedad, y se toman decisiones basándose en ella, porque no se considera importante que lo sea. Sucedió en el Brexit y ha vuelto a suceder con Trump. Según 'PolitiFact', alrededor del 70% de las afirmaciones sobre hechos de Donald Trump eran falsas. Da igual. Christopher Robichaud, de la Harvard Kennedy School, sostiene que es cierto que Trump miente, pero que en la era de la política posverdad tal cosa no parece criticable. "Sería como criticar a un actor por decir cosas falsas”.

Se trata, pues, de una devaluación de la verdad y, paralelamente, de una devaluación de la falsedad y de la mentira. Como todos los fenómenos sociales, este tiene una larga historia, que contaré telegráficamente. El siglo XX mostró que todos los regímenes dictatoriales y todos los fanatismos defienden verdades absolutas. Se pensó que el antídoto era el pensamiento débil y un educado relativismo, menos belicoso que la pretensión de verdad. Todas las opiniones se volvieron igualmente respetables. Frente al monoteísmo de la verdad, el politeísmo de las opiniones. En los medios de comunicación se hizo cada vez más difícil distinguir entre 'hechos' y 'opinión sobre los hechos'. Incluso se piensa que los hechos no existen, solo existen las interpretaciones de los mismos. La palabra 'post-factual' es sinónima de 'post-truth'. Los expertos dicen, con un cinismo realista, que si uno tiene el suficiente dinero puede contratar a una agencia que le busque hechos que apoyen su idea, sea cual sea. Y, por supuesto, también puede contratar un filtro que solo le proporcione las noticias que corroboren sus prejuicios.

La posverdad ha sido facilitada por las nuevas técnicas de comunicación. Las patologías sociales se expanden como un virus. Me parece sintomático el uso que se hace de la palabra 'viralidad' en las redes. Por eso ha surgido la polémica, incluso dentro de Facebook. Según 'The New York Times', altos responsables de la compañía han discutido sobre la posible responsabilidad de Facebook en el triunfo de Trump, y la necesidad de trabajar para combatir la desinformación. Pero Zuckerberg ha recordado que esta red social no es una agencia de noticias ni un medio de información social, y que no pueden convertirse en guardianes de la verdad. Es una mera red social. Sin embargo, según el informe Pew, el 62% de los americanos recibe noticias a través de estas plataformas. Neerzan Zimmerman, que trabajó en 'Gawker' como especialista en “tráfico rápido de historias virales” (el nombre de su profesión ya es significativo), afirma: “Hoy día no es importante que la historia sea real. Lo único importante es que la gente haga clic sobre ella. Los hechos están superados. Es una reliquia de la edad de la prensa escrita, cuando los lectores no podían elegir. Ahora, si una persona no comparte una noticia, no hay noticia”. 

La tolerancia al engaño es una de las manifestaciones del síndrome de inmunodeficiencia social del que les estoy hablando. Se están intentando vacunas, como el 'fact checking', que comprueba los datos ofrecidos por los políticos. Han aparecido el FactCheck.org, PoliticFacts, The Fact Checker, en EEUU, Channel4Fact Check, Fact Check Central y FullFact en el reino Unido, 'El objetivo' de Ana Pastor en España, 'Les Decodeurs' en Francia, e iniciativas más limitadas, como el blog 'BILDblog' en Alemania, que verificaba los artículos del diario 'Bild'. Los grandes periódicos ya realizaban esta función con otro nombre. Por ejemplo, 'Der Spiegel' mantenía un equipo de 70 personas dedicado a verificar hechos, lo que supone un elevado coste económico. El 'Reporter’s Lab' de la Universidad de Duke recoge información sobre estas iniciativas. A pesar de su auge, por el momento, la vacuna no funciona porque el influjo de la posverdad es demasiado fuerte. Donald Trump ha calificado al 'fact-check' de “out-of-touch” y “elitist media-type thing” , es decir, algo desconectado de la realidad y elitista, y Michael Gove, uno de los políticos que más apoyaron el Brexit, afirmó que los expertos son un peligro, lo que suponía desacreditar el conocimiento.

La única solución que se me ocurre es defender una filosofía que crea en la verdad, lo que en este momento no es tan fácil de encontrar. Sin embargo, es posible. El síndrome de inmunodeficiencia social es una prueba más de que necesitamos reivindicar la filosofía —que trata del método para separar la verdad de la falsedad— como servicio público. 

Postdata. Cuando el artículo ya está escrito, leo un reciente discurso de Michael Higgins, presidente de Irlanda, diciendo que el mejor antídoto contra la posverdad es introducir la filosofía en las escuelas. ¡Bienvenido al club!

(Origen del texto: JOSÉ ANTONIO MARINA, Elconfidencial.com, 22/11/2016)


viernes, 31 de octubre de 2014

14 DATOS SOBRE LA DESIGUALDAD MUNDIAL (2014)

 - En el último año, las 85 personas más ricas del mundo han logrado beneficios de casi medio millón de dólares por minuto. Es un incremento del 14%.

- Desde el inicio de la crisis hay el doble de milmillonarios en el mundo: de 793 a 1645 entre 2008 y 2014.

- Siete de cada diez personas viven en países en los que la diferencia entre ricos y pobres es mayor que hace 30 años.

- Si cualquiera de las tres personas más ricas del mundo gastase un millón de dólares al día, tardaría 200 años en acabar con su riqueza. Bill Gates tardaría 218 años y Amancio Ortega, 172 años.

- Si los milmillonarios del mundo aportasen tan sólo un 1,5% de su riqueza, se podría recaudar suficiente dinero para asegurar que todos los niños de los países más pobres vayan a la escuela y que haya asistencia sanitaria en los 49 países más pobres del mundo.

- En África subsahariana hay 16 milmillonarios conviviendo con 358 millones de personas que viven en extrema pobreza.

- Según el FMI, no se logrará erradicar la pobreza en los países africanos hasta el año 2075 si no se reduce la desigualdad de ingresos.

- En España, las 20 personas más ricas poseen tanto como el 30% más pobre (14 millones de personas).

- El 1% de los más ricos de España poseen tanto como el 70% de los españoles (menos de medio millón de personas frente a 32,5 millones de ciudadanos).

- Tres españoles acumulan una riqueza que es más del doble que la del 20% más pobre de los ciudadanos (más de 9 millones de personas).

- En el último año, las 20 personas más ricas de España incrementaron su fortuna en 15.450 millones de dólares (más de 1,7 millones por hora), acumulando una riqueza de 115.400 millones de dólares.

- De 2013 a 2014, sólo en Latinoamérica y el Caribe el número de personas que acumulan más de mil millones de dólares creció un 38%.

- Los ricos latinoamericanos acumulan cerca de dos billones de dólares en paraísos fiscales.

- El 7% más rico de la población del planeta (500 millones de personas) es responsable del 50% de las emisiones globales de CO2. Mientras, el 50% más pobre sólo emite el 7% de las emisiones mundiales.


(Publicado en www.ciutat.es,  Economía y turismo)

http://www.rtve.es/noticias/20141030/tres-mayores-fortunas-espana-duplican-riqueza-20-mas-pobre-poblacion/1038680

http://noticias.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/macroeconomia/los-20-mas-ricos-de-espana-acumulan-lo-mismo-que-el-30-mas-pobre-del-pais_QBVWp6Y88c6NfNI5VOtM43/

lunes, 18 de noviembre de 2013

LA ASIGNATURA MÁS IMPORTANTE: LA FILOSOFÍA



"LA ASIGNATURA MÁS IMPORTANTE". Brillante artículo de JUAN MAYORGA, Premio Nacional de Literatura Dramática 2013, publicado en "EL PAÍS semanal" el pasado 27 de Octubre.




"No se me ocurre que pudiera ofrecerse en nuestros colegios e institutos una asignatura más útil que aquella que ayudase a los chavales a pensar cómo usamos las palabras y cómo somos usados por ellas. Una asignatura que les diese a conocer la historia de unas cuantas palabras importantes –Verdad, Razón, Ciencia, Belleza, Justicia, Bien, Mal, Dios, Libertad, Progreso, Democracia, Nación, Historia…– y los diversos intereses a que han servido a lo largo de los tiempos. Una asignatura, sí, donde meditar sobre la relación entre la palabra Tiempo y todas las demás palabras. Una asignatura en que examinar cómo esas palabras se abrazan o se enfrentan, cómo esconden o se esconden, cómo devoran otras o son engullidas por otras. Una asignatura donde preguntarse qué tienen que ver el lenguaje, el dinero y la guerra. Una asignatura en que indagar quiénes y por qué eligen las palabras con las que pensamos, las palabras en las que vivimos. Esa asignatura tendría entre sus primeros asuntos el significado del verbo ‘educar’. Se ofrecería en cada curso y en las mejores horas de cada curso, porque ninguna exigiría tanto de profesores y alumnos. Y al acabar el bachillerato, todos tendríamos que seguir estudiándola, porque nunca se nos aprobaría. A una asignatura así, la más urgente, podríamos dar el nombre de aquella otra que el Ministerio de Educación ha decido arrojar al trastero de cachivaches inútiles. Podríamos llamarla Filosofía".

lunes, 7 de octubre de 2013

"EL DÍA QUE ACABÓ LA CRISIS" (CONCHA CABALLERO)

Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la crisis ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros dolores, celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de debilidad y que hay que ser muy prudentes para evitar recaídas. Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco a poco, volverá la tranquilidad a nuestras vidas.
 Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30 años en derechos y en salarios.
 Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, entonces la crisis habrá terminado. Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras vidas, entonces se habrá acabado la crisis.
 Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis ha terminado.
 Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.
 Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa. 
 De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida. Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición.

 (ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO "EL PAÍS" EL DÍA 18/01/2013 POR CONCHA CABALLERO)

miércoles, 26 de junio de 2013

PENSAR EL AGUA

("PENSAR EL AGUA" es un artículo que he escrito para la revista escolar "Crisol", con motivo de la declaración de 2013  por parte de la UNESCO como el "Año Internacional de la cooperación en la esfera del agua").

 PENSAR  EL  AGUA.

El agua no sabe que es. Sin embargo, todo cuanto consigue lo hace por lo que es, no por lo que desearía ser. No sabe de luchas, esfuerzos, sacrificios, voluntades, bondades o maldades. El agua no solo no sabe porque es insípida, sino que tampoco sabe porque entre sus múltiples cualidades no está el conocer. Nada, por tanto, en apariencia, semejante al ser humano.

Sin embargo, sí podemos encontrar algunos paralelismos entre ambos, ya que tanto agua como ser humano se expanden colonizando uno y otro confín de esta nuestra Tierra. Planeta este del que tres cuartas partes de su superficie son agua y en el que en sus márgenes habita una débil caña, pero caña pensante, por parafrasear a Pascal, que no solo necesita del agua para su vida diaria, sino que movido por su curiosidad e instinto de supervivencia no para de acercarse a ella desde múltiples áreas del saber: la biología pretende conocer su importancia para los procesos vitales; la química desentrañar sus elementos más fundamentales y sus posibles combinaciones; la física conocer sus propiedades en el conjunto de los fluidos; la poesía llega a verla como ríos que van a parar a la mar; cierta filosofía antigua la considera el origen de todo cuanto existe; las matemáticas están obsesionadas con cuantificarla; cierta tecnología investiga su potencial energético y el modo de controlarla; la geografía se centra en conocer su localización; las lenguas la denominan con diferentes sonidos… el elenco de saberes sobre el agua es extenso, como extenso es el deseo del ser humano de someter la naturaleza y, por ende, el agua, a su voluntad depredadora. Es por ello que recientemente ha aparecido una disciplina que, aunque joven, destaca entre los grandes saberes de nuestro tiempo. Se trata de la ética ecológica.

La ética ecológica pretende, a grandes rasgos, conocer las consecuencias de las relaciones que se establecen entre los seres humanos y el medio ambiente, intentando prevenir el deterioro medioambiental fruto del gran poder que ha adquirido el ser humano en la transformación de la naturaleza con el desarrollo tecnológico y el consiguiente deterioro en la calidad de vida del propio ser humano debido a la contaminación, agotamiento de recursos naturales, etcétera. Entre sus múltiples temas de investigación ocupa un lugar central el agua, debido a las consecuencias para la vida en general y, en particular, para la humana de su explotación descontrolada, la lluvia ácida, el cambio climático, la destrucción de hábitats, la desertificación, los vertidos de contaminantes, etcétera.

  La situación es tan preocupante que o se toma en serio la humanidad las propuestas de la ética ecológica o su futuro está en entredicho. Sirva como muestra el ejemplo del Ártico, que nos evoca una estampa idílica, un paraíso de hielo, el aire acondicionado natural del planeta, pero lo cierto es que en los treinta últimos años ha perdido gran parte de su capa de hielo. No caben la indiferencia apática, abúlica y hedonista o el simplismo egoísta mercantilista. O reaccionamos o nuestra calidad de vida y, especialmente, la de las generaciones futuras peligran seriamente.

JUAN RAMÓN TIRADO ROZÚA es profesor de Filosofía.

martes, 5 de febrero de 2013

¿ ACASO NACEMOS DEMÓCRATAS?

(Mis reflexiones ante la situación actual publicadas en la revista "CAPOTE": http://revistacapote.com/acaso-nacemos-democratas/  )


Con una ciudadanía caracterizada por un hartazgo cada vez mayor ante tanto cinismo, ineficacia, ineptitud, prepotencia, incoherencia, falsedad, manipulación, ocultación, irresponsabilidad y degradación de los cimientos morales y políticos de nuestra sociedad que ponen de manifiesto las noticias de actualidad política que nos inundan, pero, por paradójico que parezca, no estando exenta de pasividad, apatía y desinterés esta misma ciudadanía, es momento de preguntarse sobre la democracia misma y su génesis.

¿Nacemos o nos hacemos demócratas? Esta es la cuestión. Si admitimos que se trata de una cuestión puramente genética, carece de sentido educar en valores y procedimientos cívico-democráticos. Pero si, por el contrario, consideramos que no es así, sino que la democracia es una entre las posibles formas de organizar la convivencia humana –la menos mala, que dijera W. Churchill-, entonces habremos de concluir que es imposible lograr una madurez democrática sin recurrir a la educación, única vía complementaria a la genética con que contamos los seres humanos. Sorprende, entonces, cómo puede el Ministerio de Educación proponer una ley de “mejora de la educación” prescindiendo de la educación para la democracia -ya sea en las actuales asignaturas de “Educación para la Ciudadanía” (3º ESO), “Educación Ético-Cívica” (4º ESO) o en la línea temática ético-política de la “Historia de la Filosofía” (2º Bachillerato)-.

Si no nacemos demócratas, ni es posible la democracia sin demócratas, podemos preguntarnos: ¿Qué intereses puede haber detrás de que las jóvenes generaciones ignoren el sentido profundo de cuestiones tan básicas como que el primer artículo de nuestra Constitución define a España como “un Estado social y democrático de Derecho”? ¿Qué fin se pretende con que los escolares ignoren que entre las principales amenazas para la democracia encontramos la demagogia o uso interesado de la mentira; la información tendenciosa; la corrupción institucional; el anteponer el interés privado al público; una justicia que renuncia a la imparcialidad; etcétera? ¿Qué propósitos puede haber detrás de la negación a las generaciones futuras a conocer sus derechos y obligaciones, así como sus fundamentos? ¿Qué objetivos puede haber detrás de no formar para que se conozcan opciones ideológicas distintas a las que los medios de comunicación difunden como si un “pensamiento único” fuese la única opción posible? ¿Qué miedos ocultos puede haber para negarse a aceptar que solo una ciudadanía formada puede informarse críticamente y ejercitar su libertad? ¿Qué se pretende esconder al ocultar que con la existencia de listas electorales cerradas y bloqueadas y la ley electoral D´Hondt, por citar solo dos ejemplos, se fomenta la partidocracia y una oligarquía con dos cabezas visibles que se alternan en el poder? ¿Qué intereses puede haber en promover una ciudadanía pasiva, apática, desencantada y desinteresada del ejercicio de sus derechos y deberes políticos? ¿Qué fin se pretende al forjar una ciudadanía que careciendo de ideas claras sobre los asuntos públicos limite su participación a un no sabe/no contesta? ¿Qué intereses puede haber para que estos u otros contenidos semejantes dejen de estudiarse en las aulas o, en el mejor de los casos, algunos de ellos, simplificados, se ofrezcan como una alternativa al adoctrinamiento religioso, como si las personas que opten por el aprendizaje de la fe pudiesen prescindir del conocimiento de los valores y procedimientos cívico-democráticos como si estos fuesen una mera moral para ateos?

Juan Ramón Tirado Rozúa es profesor de Filosofía.

martes, 1 de enero de 2013

EL RECORTE MÁS BRUTAL DE LA DEMOCRACIA A LA FILOSOFÍA


La opción de la filosofía.

(Artículo del profesor Juan Ramón Tirado Rozúa publicado en el "Diario SUR" de Málaga el 31/12/2012, en la página 31)

Aunque los focos mediáticos centran su atención en el catalán y el mayor protagonismo del adoctrinamiento religioso en las aulas, haciéndonos creer que se reducen a esto las novedades de la nueva ley educativa de “mejora de la calidad”, LOMCE, lo cierto es que el borrador contiene novedades de gran calado, que no deberían silenciarse: tres reválidas; se favorece más a la educación concertada; se dotará con más recursos a los centros con mejores resultados desconsiderando las carencias que pueda tener el alumnado de determinadas zonas menos favorecidas; la dirección de los centros, dotada de mayor poder, no se elegirá por los Consejos Escolares sino por la Administración; la gratuidad de la Educación Infantil y del Bachillerato puede peligrar; la casi desaparición de las asignaturas de perfil filosófico en la formación del alumnado, etc.
 
Centrándonos ahora en esta última cuestión, conviene destacar que el segundo borrador de la LOMCE, a diferencia del primero, -lo que pone de manifiesto un alto grado de improvisación en un tema tan serio como es la educación-, reduce notablemente la presencia de las asignaturas de perfil filosófico (de las cuatro asignaturas obligatorias actualmente en diferentes cursos académicos de la ESO y el Bachillerato únicamente queda como asignatura troncal la Filosofía en primero de Bachillerato). La Historia de la Filosofía, actualmente asignatura común o troncal en segundo de Bachillerato, queda relegada a una optativa de un largo listado que podrá ofertarse según decidan las comunidades autónomas y, en un segundo filtro, los propios centros educativos.

Quienes nos interesamos por una educación integral, ya sea como padres, alumnos o profesores, asistimos con perplejidad a lo que de un modo falaz se nos ha presentado como “mejora de la calidad de la educación”, como se autoproclama con tanto bombo esta ley. Un ejemplo notorio lo tenemos en la nula atención a la Historia de la Filosofía.

 El Sr. Ministro Wert, parece haber olvidado que nuestra tradición cultural admite desde hace siglos que la Filosofía –donde tiene un gran protagonismo su historia-, es probablemente la materia que de forma más natural se acomoda a la voluntad de promover y desarrollar integralmente la personalidad humana. Incluso parece haber olvidado que el espíritu libre, autónomo, racionalizador, crítico y creativo consagrado también por los principios teóricos de la LOMCE, queda mutilado en la práctica al no asignar dotación horaria troncal a la disciplina que mejor promueve tal espíritu. También parece no prestar atención a la Comisión Nacional de Humanidades que, en su momento, recomendó que se potencie la presencia de la filosofía en el Bachillerato. Desatiende, igualmente, las recomendaciones de la UNESCO en su informe, “La filosofía, una escuela de libertad”, donde atribuye a la filosofía un papel educativo fundamental, que debe formar parte del currículum básico de todo el alumnado. También parece ignorar nuestro ministro, tan preocupado por los pobres resultados en pruebas internacionales, como el informe PISA, que los países que mejores resultados obtienen en este tipo de pruebas (Finlandia, Canadá, Nueva Zelanda y Japón), coinciden con los que mayor importancia dan a la formación filosófica.

Podemos concluir, por tanto, que la LOMCE, por paradójico que pueda parecer con esa denominación tan autocomplaciente y tergiversadora, disminuye la calidad del sistema educativo español. Justo en un momento como este, que estamos tan necesitados de ideas, de buenas ideas… el Sr. Wert quiere recortar el pensamiento. Y recortar el pensamiento significa recortar la capacidad de comprensión, razonamiento, comunicación, creatividad, libertad, juicio crítico, formación integral, maduración personal, etc.

 
                                                                       Juan Ramón Tirado Rozúa.

sábado, 20 de octubre de 2012

"LA INCULTURA SALE CARA" (FERNANDO SAVATER)

(Entrevista en la contraportada del diario "LA VANGUARDIA" el 15/10/2012)
¿Qué es un idiota?Deriva del griego idion, que significa "lo propio de uno": idiota es el que quiere vivir sin implicarse en su sociedad.
Un ejemplo de idiota.
Quien dice "paso de política".
Por no pasar, ha llevado usted escolta.
Ahora ya no. Veremos ahora qué habrá que pagarle a cambio a ETA...
¿Cómo educar ante la violencia?
Afrontándola. Las peleas en el patio de colegio pueden ser también muy educativas.
¿Sí?
Si de niño bregas con la violencia, de mayor sabrás usarla con proporción. Si de niño no la conoces, de mayor puedes matar a alguien por no haber aprendido a dosificarla.
¿Se pegaba usted mucho de niño?
Corría para que no me pegasen. Yo pronunciaba mal, hablaba extraño, leía mucho... ¡era un bicho raro! Por eso me perseguían.
Hoy imparte lecciones de ética a jóvenes. ¿Qué les enseña?
Que sólo la reflexión les protegerá de la propaganda. ¡La educación es imprescindible!
¿Qué principio básico les transmite?
El de racionalidad. Ser racional en el trato con las cosas y razonable en el trato con las personas.
¿Cómo educar bien?
¡No contagiándoles nuestros miedos!
¿Qué haría si fuese ministro de Educación?
La única revolución cierta que conozco es la educación pública y la sanidad pública. Impondría la idea de que todo el mundo es educable, y algunos parámetros comunes a todo el país.
¿Pierden autoridad nuestros maestros?
La autoridad se tiene por percusión o por persuasión. ¡O violencia o argumentos seductores!
La gracia es persuadir.
Todas las personas son respetables, pero no todas las ideas: faltarle el respeto a una idea no es faltárselo a la persona que la sostiene. ¡Argumentemos!
¿Hay diferencia entre ética y moral?
La ética reflexiona sobre la libertad. La moral es el conjunto de valores prácticos imperantes en una sociedad en un momento.
De su amistad con el filósofo Cioran, ¿qué aprendió?
Era provocador y divertido, su humor negro era de una alegría feroz.
Cíteme uno de sus aforismos.
"El gorila es un mamífero triste. Desciendo de su mirada".
Parece un tuit.
Él era partidario del aforismo y del epitafio, y es verdad que los tuits tienen algo de eso, ¡ojalá que con la hondura de Cioran!
¿Qué dice a los jóvenes sobre felicidad?
Que es un horizonte hacia el que caminar, y que siempre se aleja. ¡La alegría está más a mano!
¿Guardan relación felicidad y dinero?
Si nada tienes o tienes demasiado, te obsesionas, ¡y eso lastra la felicidad!
¿Y con la libertad?
El ser humano está condenado a ser libre: es la paradoja. ¡No puedes no ser libre!
¿Somos más felices ahora o antes?
Somos más exigentes. Antes, para hacer una llamada telefónica, esperábamos a que una operadora estableciera conferencia... Y ahora es tan fácil llamar que nos cabreamos por una interferencia en el móvil.
Es verdad.
Podemos volar en pocas horas al otro lado del Atlántico (¡lo que es asombroso!), pero nos enfadamos por un leve retraso.
Queremos siempre más.
La persona cultivada lo tiene más fácil: no necesita pagarse un crucero o un viaje a un parque de atracciones. Basta con un libro, un paseo, una mirada. ¡La incultura es cara!
Bien visto.
Todos ignoramos más de lo que sabemos y procuramos remediarlo, ¡pero hoy muchos personajes populares se jactan de su ignorancia, se enorgullecen de ser incultos!
¿Es incultura ofenderse por la publicación de unas caricaturas de Mahoma?
O los ofendidos se contagian de democracia, o el resto nos contagiamos de teocracia. Hay que optar. Si hubiesen optado por no ofender a los creyentes, ¡ni Galileo ni Giordano Bruno hubiesen publicado nada!
¿Hay relación entre moral y religión?
La moral busca una vida algo mejor, y la religión busca algo mejor que la vida.
¿Un ejemplo?
Una mujer en Arabia Saudí tiene prohibido conducir. ¡Que decida ella, si es religiosa, no conducir!
También hay algunas coerciones en democracia.
Para intentar evitar atropellos de algunos sobre otros, pues tendemos a ser todo lo malos que nos dejan ser.
Lástima.
Tiene menos mérito el que actúa bien en espera de recompensa (paraíso) que el que lo hace sin esperarla.
El amigo Dragó ha sido padre con 75 años: ¿alguna objeción moral?
Es una apuesta vital... Lo inmoral sería hurtarle a un hijo parte de su linaje.
¿Cómo es eso?
Si una pareja adopta a un bebé de vientre alquilado y le oculta su linaje masculino, vulnera sus derechos.
Un consejo para educar a mis hijos.
No pretenda caer simpático. La hiedra crece bien si topa con la resistencia del muro.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20121015/54352577827/la-contra-fernando-savater.html?

miércoles, 15 de diciembre de 2010

NO ES COSA MÍA. LA COMPLICIDAD DEL ESPECTADOR INDIFERENTE

"No es cosa mía", artículo publicado por FERNANDO SAVATER en el diario "EL PAÍS" el 14/12/2010. 

Me apresuro a hablarles del libro Mal consentido (Alianza), de Aurelio Arteta, pues en vista del caso que los medios de comunicación hacen al ensayo serio corre el peligro de pasar desapercibido. Trata de uno de los problemas éticos menos académicamente estudiados y sin embargo de mayor relevancia: no el caso de los que cometen las agresiones y crímenes ni el de las víctimas que los padecen, sino el de quienes asisten a esas fechorías sin evitarlas e incluso desentendiéndose de ellas. Como dice en resumen el subtítulo del libro, "la complicidad del espectador indiferente". El estudio del profesor Arteta es preciso y minucioso: analiza las actitudes ante el mal de quienes no lo consideran cosa suya a pesar de que su proximidad les salpique, las diversas disculpas para escurrir el bulto, la responsabilidad de quienes no responden, el deber de no minimalizar cómodamente nuestros deberes y hasta en ocasiones el deber de ir más allá del deber. En el fondo, toda la obra se condensa en lo que ya se nos dijo y pocos escucharon: para que los malvados cometan las peores atrocidades basta con una sola y simple cosa, que las buenas personas no hagan nada.
En el libro se manejan referencias clásicas a las tragedias del siglo XX, desde el exterminio llevado a cabo por los nazis a los campos de concentración soviéticos (es especialmente interesante la polémica con la idea de Hannah Arendt acerca de la "banalidad del mal"). Pero aunque apenas tenga menciones explícitas, es evidente como trasfondo próximo y motor de la indagación lo ocurrido en las últimas décadas en el País Vasco: un drama que Aurelio Arteta conoce precisamente muy bien, porque él es uno de los que desde hace muchos años decidió no rehuirlo, implicándose con todas las consecuencias, tanto teórica como prácticamente.
Por eso hoy, cuando parece avistarse el final de la violencia etarra y se afrontan las consecuencias políticas y sociales que puede implicar, esta obra tiene una relevancia muy oportuna para quienes se atrevan a pensar el asunto a fondo y no se limiten a los subterfugios de la coyuntura. Efectivamente, en el País Vasco y en España entera se ha dado un fenómeno social de inhibición y adormecimiento moral ante el terrorismo y sus consecuencias, personales e institucionales. Se han cerrado los ojos o se ha desviado la mirada, a veces con alambicadas coartadas ideológicas, no solo ante tantos asesinatos, coacciones, extorsiones, pérdida de derechos civiles y de libertad de expresión, exilios forzosos de amenazados, etcétera, sino también ante ocasionales perversiones del Estado de derecho por quienes debían defenderlo, en forma de torturas, malos tratos o guerra sucia. Sin duda, no son equivalentes ni se trata del enfrentamiento de dos monstruos semejantes, por un lado ETA y por otro el Estado democrático, como ahora quisieran hacernos creer algunos para lograr en la opinión pública un empate que enmascare el fracaso de las armas criminales que han apoyado hasta ayer mismo. Pero no por ello es menos urgente una reflexión cívica y ética de verdadero alcance, no por masoquismo, sino para que se logre en la medida de lo posible -la tragedia lo es porque nunca se repara del todo- una regeneración auténtica de la convivencia dañada.
Que los políticos hagan su trabajo, que las instituciones democráticas se mantengan como único e inmodificable ámbito del juego político del futuro: desde luego. Pero en este momento en que el entorno de Batasuna y del nacionalismo radical hacen tanto gasto para conquistar el espacio público, la esfera social, se echan de menos movimientos cívicos en el País Vasco que les disputen el campo con los principios políticos que salieron a la calle hace una década logrando el comienzo del fin del terrorismo.