Mostrando entradas con la etiqueta ciudadanía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciudadanía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de diciembre de 2019

¿NACEMOS O NOS HACEMOS DEMÓCRATAS?

¿Nacemos o nos hacemos demócratas? Esta es la cuestión. Si admitimos que se trata de una cuestión puramente genética, carece de sentido educar en valores y procedimientos cívico-democráticos. Pero si, por el contrario, consideramos que no es así, sino que la democracia es una entre las posibles formas de organizar la convivencia humana –la menos mala, que dijera W. Churchill-, entonces habremos de concluir que es imposible lograr una madurez democrática sin recurrir a la educación, única vía complementaria a la genética con que contamos los seres humanos. Sorprende, por tanto, que se proponga eliminar la Educación para la Ciudadanía como alternativa a la Religión en el Bachillerato de Andalucía, cuando, de hecho, lo aconsejable sería que fuese obligatoria, porque cualquier ciudadano debe conocer los valores y procedimientos cívico-democráticos compartidos, independientemente de las creencias que pueda tener cada cual.

Si no nacemos demócratas, ni es posible la democracia sin demócratas, podemos preguntarnos: ¿Qué intereses puede haber detrás de que las jóvenes generaciones ignoren el sentido profundo de cuestiones tan básicas como, por ejemplo, que el primer artículo de nuestra Constitución define a España como “un Estado social y democrático de Derecho”? ¿Qué fin se pretende con que los escolares ignoren que entre las principales amenazas para la democracia encontramos la demagogia o uso interesado de la mentira; la información tendenciosa; la corrupción institucional; el anteponer el interés privado al público; una justicia de la que pudiera cuestionarse su imparcialidad; etcétera? ¿Qué propósitos puede haber detrás de la negación a las generaciones futuras a conocer sus derechos, (los Derechos Humanos), y sus obligaciones, así como sus fundamentos? ¿Qué objetivos puede haber detrás de no formar para que se conozcan las distintas opciones ideológicas, sus fundamentos y consecuencias? ¿Qué miedos ocultos puede haber para negarse a aceptar que solo una ciudadanía formada puede informarse con espíritu crítico y ejercitar su libertad con plenitud? ¿Qué intereses puede haber en promover una ciudadanía pasiva, apática, desencantada y desinteresada del ejercicio de sus derechos y deberes políticos? ¿Qué fin se pretende al forjar una ciudadanía que careciendo de ideas claras sobre los asuntos públicos limite su participación a un no sabe/no contesta? ¿Qué intereses puede haber para que estos u otros contenidos semejantes, relacionados con la necesaria convivencia democrática y los Derechos Humanos, dejen de estudiarse en las aulas?

(Se trata de un extracto de un artículo más antiguo del autor -el titular de este blog- que se publica en esta ocasión con motivo del proyecto de eliminación de la asignatura Educación para la Ciudadanía como alternativa a Religión en el Bachillerato de la comunidad autónoma de Andalucía)

sábado, 21 de abril de 2018

A PROPÓSITO DEL DÍA DEL LIBRO: EL VALOR DE LA LECTURA Y LA CULTURA EN NUESTRO TIEMPO (JESÚS QUINTERO)

A propósito del Día del Libro (23 de abril):
Jesús Quintero, con su peculiar estilo, valora la lectura, la cultura y el nivel cultural que se impone en nuestro tiempo.
Nos dice: "Nunca como ahora la gente había presumido de no haberse leído un puto libro en su jodida vida".

viernes, 31 de octubre de 2014

14 DATOS SOBRE LA DESIGUALDAD MUNDIAL (2014)

 - En el último año, las 85 personas más ricas del mundo han logrado beneficios de casi medio millón de dólares por minuto. Es un incremento del 14%.

- Desde el inicio de la crisis hay el doble de milmillonarios en el mundo: de 793 a 1645 entre 2008 y 2014.

- Siete de cada diez personas viven en países en los que la diferencia entre ricos y pobres es mayor que hace 30 años.

- Si cualquiera de las tres personas más ricas del mundo gastase un millón de dólares al día, tardaría 200 años en acabar con su riqueza. Bill Gates tardaría 218 años y Amancio Ortega, 172 años.

- Si los milmillonarios del mundo aportasen tan sólo un 1,5% de su riqueza, se podría recaudar suficiente dinero para asegurar que todos los niños de los países más pobres vayan a la escuela y que haya asistencia sanitaria en los 49 países más pobres del mundo.

- En África subsahariana hay 16 milmillonarios conviviendo con 358 millones de personas que viven en extrema pobreza.

- Según el FMI, no se logrará erradicar la pobreza en los países africanos hasta el año 2075 si no se reduce la desigualdad de ingresos.

- En España, las 20 personas más ricas poseen tanto como el 30% más pobre (14 millones de personas).

- El 1% de los más ricos de España poseen tanto como el 70% de los españoles (menos de medio millón de personas frente a 32,5 millones de ciudadanos).

- Tres españoles acumulan una riqueza que es más del doble que la del 20% más pobre de los ciudadanos (más de 9 millones de personas).

- En el último año, las 20 personas más ricas de España incrementaron su fortuna en 15.450 millones de dólares (más de 1,7 millones por hora), acumulando una riqueza de 115.400 millones de dólares.

- De 2013 a 2014, sólo en Latinoamérica y el Caribe el número de personas que acumulan más de mil millones de dólares creció un 38%.

- Los ricos latinoamericanos acumulan cerca de dos billones de dólares en paraísos fiscales.

- El 7% más rico de la población del planeta (500 millones de personas) es responsable del 50% de las emisiones globales de CO2. Mientras, el 50% más pobre sólo emite el 7% de las emisiones mundiales.


(Publicado en www.ciutat.es,  Economía y turismo)

http://www.rtve.es/noticias/20141030/tres-mayores-fortunas-espana-duplican-riqueza-20-mas-pobre-poblacion/1038680

http://noticias.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/macroeconomia/los-20-mas-ricos-de-espana-acumulan-lo-mismo-que-el-30-mas-pobre-del-pais_QBVWp6Y88c6NfNI5VOtM43/

martes, 5 de febrero de 2013

¿ ACASO NACEMOS DEMÓCRATAS?

(Mis reflexiones ante la situación actual publicadas en la revista "CAPOTE": http://revistacapote.com/acaso-nacemos-democratas/  )


Con una ciudadanía caracterizada por un hartazgo cada vez mayor ante tanto cinismo, ineficacia, ineptitud, prepotencia, incoherencia, falsedad, manipulación, ocultación, irresponsabilidad y degradación de los cimientos morales y políticos de nuestra sociedad que ponen de manifiesto las noticias de actualidad política que nos inundan, pero, por paradójico que parezca, no estando exenta de pasividad, apatía y desinterés esta misma ciudadanía, es momento de preguntarse sobre la democracia misma y su génesis.

¿Nacemos o nos hacemos demócratas? Esta es la cuestión. Si admitimos que se trata de una cuestión puramente genética, carece de sentido educar en valores y procedimientos cívico-democráticos. Pero si, por el contrario, consideramos que no es así, sino que la democracia es una entre las posibles formas de organizar la convivencia humana –la menos mala, que dijera W. Churchill-, entonces habremos de concluir que es imposible lograr una madurez democrática sin recurrir a la educación, única vía complementaria a la genética con que contamos los seres humanos. Sorprende, entonces, cómo puede el Ministerio de Educación proponer una ley de “mejora de la educación” prescindiendo de la educación para la democracia -ya sea en las actuales asignaturas de “Educación para la Ciudadanía” (3º ESO), “Educación Ético-Cívica” (4º ESO) o en la línea temática ético-política de la “Historia de la Filosofía” (2º Bachillerato)-.

Si no nacemos demócratas, ni es posible la democracia sin demócratas, podemos preguntarnos: ¿Qué intereses puede haber detrás de que las jóvenes generaciones ignoren el sentido profundo de cuestiones tan básicas como que el primer artículo de nuestra Constitución define a España como “un Estado social y democrático de Derecho”? ¿Qué fin se pretende con que los escolares ignoren que entre las principales amenazas para la democracia encontramos la demagogia o uso interesado de la mentira; la información tendenciosa; la corrupción institucional; el anteponer el interés privado al público; una justicia que renuncia a la imparcialidad; etcétera? ¿Qué propósitos puede haber detrás de la negación a las generaciones futuras a conocer sus derechos y obligaciones, así como sus fundamentos? ¿Qué objetivos puede haber detrás de no formar para que se conozcan opciones ideológicas distintas a las que los medios de comunicación difunden como si un “pensamiento único” fuese la única opción posible? ¿Qué miedos ocultos puede haber para negarse a aceptar que solo una ciudadanía formada puede informarse críticamente y ejercitar su libertad? ¿Qué se pretende esconder al ocultar que con la existencia de listas electorales cerradas y bloqueadas y la ley electoral D´Hondt, por citar solo dos ejemplos, se fomenta la partidocracia y una oligarquía con dos cabezas visibles que se alternan en el poder? ¿Qué intereses puede haber en promover una ciudadanía pasiva, apática, desencantada y desinteresada del ejercicio de sus derechos y deberes políticos? ¿Qué fin se pretende al forjar una ciudadanía que careciendo de ideas claras sobre los asuntos públicos limite su participación a un no sabe/no contesta? ¿Qué intereses puede haber para que estos u otros contenidos semejantes dejen de estudiarse en las aulas o, en el mejor de los casos, algunos de ellos, simplificados, se ofrezcan como una alternativa al adoctrinamiento religioso, como si las personas que opten por el aprendizaje de la fe pudiesen prescindir del conocimiento de los valores y procedimientos cívico-democráticos como si estos fuesen una mera moral para ateos?

Juan Ramón Tirado Rozúa es profesor de Filosofía.

miércoles, 31 de octubre de 2012

¿QUÉ MODELO EDUCATIVO SUBYACE EN LA LOMCE? ALGUNAS DIFERENCIAS ENTRE LOU (2006) Y LOMCE (2012).


 
¿Encuentras alguna diferencia entre la LOE (2006) y la LOMCE (2012)? Quizás nos estamos jugando más de lo que imaginamos.Una muestra:
  • Preámbulo de la LOE -Ley Órgánica de Educación- (2006): “Las sociedades actuales conceden gran importancia a la educación que reciben sus jóvenes, en la convicción de que de ella dependen tanto el bienestar individual como el colectivo. La educación es el medio más adecuado para construir su personalidad, desarrollar al máximo sus capacidades, conformar su propia identidad personal y configurar su comprensión de la realidad, integrando la dimensión cognoscitiva, la afectiva y la axiológica. Para la sociedad, la educación es el medio de transmitir y, al mismo tiempo, de renovar la cultura y el acervo de cono­cimientos y valores que la sustentan, de extraer las máxi­mas posibilidades de sus fuentes de riqueza, de fomentar la convivencia democrática y el respeto a las diferencias individuales, de promover la solidaridad y evitar la discri­minación, con el objetivo fundamental de lograr la nece­saria cohesión social. Además, la educación es el medio más adecuado para garantizar el ejercicio de la ciudada­nía democrática, responsable, libre y crítica, que resulta indispensable para la constitución de sociedades avanza­das, dinámicas y justas. Por ese motivo, una buena edu­cación es la mayor riqueza y el principal recurso de un país y de sus ciudadanos.”
 
 
  • Primer párrafo del Anteproyecto de la LOMCE - Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Educación- (2012) (Ley Wert): “La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; su nivel educativo determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global.”
¿Encuentras alguna diferencia?

martes, 14 de febrero de 2012

PELIGROS POTENCIALES DE INTERNET Y LAS REDES SOCIALES.

¿Crees que tienes privacidad realmente en las redes sociales?

Consejos sobre el uso de webcam.



¿Has pensado en lo que publicas sobre los demás en las redes sociales? Su privacidad también depende de ti.

.

martes, 29 de noviembre de 2011

"EDUCADOS PARA NO PENSAR" (José Luis SAMPEDRO)

¡Enhorabuena, profesor Sampedro, por el Premio Nacional de las Letras 2011! Catedrático de economía, humanista y escritor, a sus 94 años ha saltado las barreras generacionales para proclamarse en los últimos meses en estandarte del desencanto juvenil en España, tras toda una vida de compromiso y creación.



"Aclaremos que la palabra libertad tiene distintos sentidos según el usuario. Cuando el poderoso exige libertad, la quiere para no encontrar ninguna traba que le impida conseguir más beneficios. Cuando el débil pide libertad, es para reducir la explotación a la que está sometido."

                                                                                                              José Luis Sampedro

miércoles, 23 de febrero de 2011

miércoles, 15 de diciembre de 2010

NO ES COSA MÍA. LA COMPLICIDAD DEL ESPECTADOR INDIFERENTE

"No es cosa mía", artículo publicado por FERNANDO SAVATER en el diario "EL PAÍS" el 14/12/2010. 

Me apresuro a hablarles del libro Mal consentido (Alianza), de Aurelio Arteta, pues en vista del caso que los medios de comunicación hacen al ensayo serio corre el peligro de pasar desapercibido. Trata de uno de los problemas éticos menos académicamente estudiados y sin embargo de mayor relevancia: no el caso de los que cometen las agresiones y crímenes ni el de las víctimas que los padecen, sino el de quienes asisten a esas fechorías sin evitarlas e incluso desentendiéndose de ellas. Como dice en resumen el subtítulo del libro, "la complicidad del espectador indiferente". El estudio del profesor Arteta es preciso y minucioso: analiza las actitudes ante el mal de quienes no lo consideran cosa suya a pesar de que su proximidad les salpique, las diversas disculpas para escurrir el bulto, la responsabilidad de quienes no responden, el deber de no minimalizar cómodamente nuestros deberes y hasta en ocasiones el deber de ir más allá del deber. En el fondo, toda la obra se condensa en lo que ya se nos dijo y pocos escucharon: para que los malvados cometan las peores atrocidades basta con una sola y simple cosa, que las buenas personas no hagan nada.
En el libro se manejan referencias clásicas a las tragedias del siglo XX, desde el exterminio llevado a cabo por los nazis a los campos de concentración soviéticos (es especialmente interesante la polémica con la idea de Hannah Arendt acerca de la "banalidad del mal"). Pero aunque apenas tenga menciones explícitas, es evidente como trasfondo próximo y motor de la indagación lo ocurrido en las últimas décadas en el País Vasco: un drama que Aurelio Arteta conoce precisamente muy bien, porque él es uno de los que desde hace muchos años decidió no rehuirlo, implicándose con todas las consecuencias, tanto teórica como prácticamente.
Por eso hoy, cuando parece avistarse el final de la violencia etarra y se afrontan las consecuencias políticas y sociales que puede implicar, esta obra tiene una relevancia muy oportuna para quienes se atrevan a pensar el asunto a fondo y no se limiten a los subterfugios de la coyuntura. Efectivamente, en el País Vasco y en España entera se ha dado un fenómeno social de inhibición y adormecimiento moral ante el terrorismo y sus consecuencias, personales e institucionales. Se han cerrado los ojos o se ha desviado la mirada, a veces con alambicadas coartadas ideológicas, no solo ante tantos asesinatos, coacciones, extorsiones, pérdida de derechos civiles y de libertad de expresión, exilios forzosos de amenazados, etcétera, sino también ante ocasionales perversiones del Estado de derecho por quienes debían defenderlo, en forma de torturas, malos tratos o guerra sucia. Sin duda, no son equivalentes ni se trata del enfrentamiento de dos monstruos semejantes, por un lado ETA y por otro el Estado democrático, como ahora quisieran hacernos creer algunos para lograr en la opinión pública un empate que enmascare el fracaso de las armas criminales que han apoyado hasta ayer mismo. Pero no por ello es menos urgente una reflexión cívica y ética de verdadero alcance, no por masoquismo, sino para que se logre en la medida de lo posible -la tragedia lo es porque nunca se repara del todo- una regeneración auténtica de la convivencia dañada.
Que los políticos hagan su trabajo, que las instituciones democráticas se mantengan como único e inmodificable ámbito del juego político del futuro: desde luego. Pero en este momento en que el entorno de Batasuna y del nacionalismo radical hacen tanto gasto para conquistar el espacio público, la esfera social, se echan de menos movimientos cívicos en el País Vasco que les disputen el campo con los principios políticos que salieron a la calle hace una década logrando el comienzo del fin del terrorismo.

lunes, 23 de agosto de 2010

LOS DOS LOBOS. UNA HISTORIA PARA REFLEXIONAR SOBRE NOSOTROS MISMOS


Junto al calor de una hoguera , un viejo indio estaba hablando con su nieto.

Le decía:

- "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón.

Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. Está lleno de egoísmo, maldad, avaricia, envidia, rencor...

El otro está lleno de amor ,compasión, bondad, sinceridad, esperanza ".

El nieto preguntó:

-"Abuelo, dime, ¿cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?"

El abuelo contestó:- "Aquel que yo alimente”.

No debemos olvidar que dentro de cada uno de nosotros se suelen encontrar los dos tipos de lobos, ¿quién queremos que gane?

miércoles, 28 de abril de 2010

ROSA DÍEZ: SOBRE LA LEY ELECTORAL ESPAÑOLA


(EL SIGUIENTE ARTÍCULO PUBLICADO POR ROSA DÍEZ EN EL DIARIO "EL PAÍS" EL 29/03/2010 SOBRE LA LEY ELECTORAL ESPAÑOLA ES ÚTIL PARA ENTENDER Y REFLEXIONAR SOBRE ESTA CUESTIÓN QUE TRATAREMOS EN "CIUDADANÍA DEMOCRÁTICA").



El día 23 de febrero defendí en el Congreso de los Diputados una Proposición no de Ley para instar al Gobierno a que impulse urgentemente la reforma de la Ley Electoral. Lo hice a la vista de que nuestra iniciativa legislativa duerme el sueño de los justos desde abril de 2008 en la Comisión Constitucional. Únicamente Izquierda Unida (IU) me apoyó. El resto de grupos parlamentarios votó en contra y afeó mi conducta: "Cómo se atreve usted a traer aquí este tema que ya estamos analizando en la subcomisión... Esto es una burla al Parlamento...". Conclusión de su trabajo: carpetazo a cualquier reforma que garantice más igualdad y más proporcionalidad.



No cabe duda de que el sistema electoral español, diseñado en plena transición política, cumplió con las necesidades del momento: promover un bipartidismo fuerte y evitar la excesiva atomización de fuerzas políticas en el Parlamento para facilitar los acuerdos y construir la democracia. Pero no puede consolidarse en el tiempo un sistema injusto y contrario a la igualdad de derechos de todos los ciudadanos.


El argumento principal para proponer una reforma urgente de la Ley Electoral es la defensa de la igualdad, consagrada y conectada en distintos artículos claves de nuestra Constitución: el 1.1 (igualdad como valor superior de nuestro ordenamiento jurídico); 9.2 (participación de los ciudadanos en la vida política); 23.2 (acceso a los cargos públicos) y 68.1 (voto igual).


El sistema actual conculca dos derechos fundamentales: el derecho pasivo de todas las formaciones políticas a ser elegidas en igualdad de condiciones y el derecho activo de cada uno de los ciudadanos de elegir en igualdad de condiciones. Lo más intolerable en términos democráticos es que el voto de cada ciudadano tenga un valor diferente en función de la parte de España en la que viva y de la opción política que elija. Dicho de otra manera: lo que urge corregir es el hecho de que el voto de mi vecino, que vota PNV, valga seis veces más que el mío.


En el Pleno de 23 de febrero se me dijo (todos los grupos, salvo IU lo hicieron de forma descalificadora y algunos hasta grosera) que ya está creada una subcomisión para analizar todas estas cuestiones. Pero ya hemos visto cuál era el objetivo: cercenar todo tipo de avance hacia un sistema más justo y mantener el pacto de hierro entre el PSOE y el PP para que nada cambie y se consoliden los privilegios y la desigualdad.


Resulta muy interesante analizar el informe del Consejo de Estado y sus propuestas, tales como aumentar el número de diputados de 350 a 400; rebajar la representación mínima inicial de dos a un diputado o buscar una fórmula electoral más proporcional que la D'Hont (como la Hare, Droop, Sainte Lagüe...).


Pero es importante que nos fijemos en sus argumentos. El informe confirma un primer problema indiscutible: existen desigualdades en la distribución y atribución de escaños, lo que ataca directamente el principio constitucional de igualdad de voto o sufragio. Por eso, el Consejo plantea reducir el mínimo por circunscripción y elevar a 400 el número de diputados para buscar "un incremento de la calidad democrática del sistema político".


El informe afirma también que el sistema actual produce "primas que obtienen los partidos más votados y penalizaciones que sufren los menos votados, especialmente cuando estos últimos cuentan con un electorado disperso". O sea, prima a las dos grandes formaciones políticas de ámbito nacional y castiga al resto de partidos nacionales. Vean, si no, los números de las últimas elecciones generales: el Partido Socialista Obrero Español necesitó 66.801 votos para conseguir un escaño; el Partido Popular necesitó 66.740 votos; Izquierda Unida, 484.973 y Unión Progreso y Democracia, 306.079. Más claro, agua.


Me interesa incidir en las reflexiones del Consejo de Estado en relación con la igualdad de voto. Dice así: "En principio, la igualdad de sufragio se contempló en los textos constitucionales para significar que cada elector tiene un solo voto. No obstante, la jurisprudencia alemana ha superado esta interpretación clásica de la igualdad de voto, afirmando que este principio impone tanto el igual valor numérico como el igual valor del resultado del sufragio: igual valor numérico significa que el número y la fuerza del voto de cada elector deben ser los mismos; igual valor de resultado supone que todos los votos deben contribuir de manera semejante a la obtención de representación". Es claro el ejemplo: mi vecino sólo vota una vez, pero su voto vale seis veces más que el mío; luego el principio de igualdad está claramente pervertido.


Sigue analizando el Consejo las peculiaridades del sistema proporcional en relación con el mayoritario en el que sólo son eficaces los votos emitidos a favor del candidato ganador. E insiste en que "en un sistema proporcional los votos deben tener, aparte de un idéntico valor numérico, un igual valor de resultado", con los límites que se establezcan en razón de la racionalización y eficacia de gobiernos parlamentarios.


Quiero llamar la atención sobre el Código de Buenas Prácticas en materia electoral, aprobado en 2002 por la Comisión de Venecia, donde se distingue entre la igualdad en los derechos de voto y la igualdad del poder del voto. Es esta referencia la que le sirve al informe del Consejo para sostener que, si bien la igualdad de los derechos de voto no está amenazada salvo en las democracias emergentes, "la igualdad del poder del voto se ve puesta en cuestión en algunos países" (como en España) "mediante la aplicación de mecanismos tales como la asignación de un número fijo de representantes a cada una de ellas con independencia de su población y el establecimiento de una reducida composición de la Cámara, que determina un diferente peso del sufragio antes de ser emitido en función de la circunscripción en que se encuentre el elector". O sea, que el voto "vale" diferente en función de la parte de España en que vivas, lo cual es un claro atentado al principio de igualdad.


El citado Código de Buenas Prácticas indica que la igualdad proporcional implica que los partidos deben ser tratados en función de su número de votos. Es por eso que el informe del Consejo insiste en que "el mayor o menor grado de proporcionalidad de un sistema electoral afecta a la igualdad de oportunidades de tales partidos, en cuanto verdaderos actores de la competición electoral...". "En razón de estas consideraciones", prosigue, "el análisis crítico de las desigualdades en la atribución de escaños no debe realizarse (sólo) desde la perspectiva del poder del voto de los electores, sino de la igualdad de oportunidades de las distintas candidaturas".


Es indiscutible que el resultado práctico de la aplicación de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) está produciendo claros ejemplos de desigualdades e injusticias en el valor del voto atribuido a cada ciudadano. Si nuestra Constitución proclama en su artículo 1.2 que "la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado", el sistema electoral ha de ser respetuoso con ese principio esencial de la democracia y no puede distorsionar la voluntad libremente manifestada por los ciudadanos en las urnas. La regeneración democrática exige una modificación y mejora democrática de nuestra ley electoral que se hace prioritaria e improrrogable de cara a futuras consultas electorales.


Resulta curioso confirmar cómo el PSOE y el PP -tan empeñados en explicitar ante sus votantes cuánto les diferencia- taponan esta reforma fundamental, origen y causa de desvertebración y desigualdad. Y es que en el fondo ambos se parecen tanto como una VISA a una Master Card: sólo aspiran a mantener su cuota de mercado; aunque para ello hayan de vulnerar la libertad individual y la igualdad jurídica de los ciudadanos. Eso es lo que les une: el interés. Tan vergonzoso como cierto.

lunes, 22 de febrero de 2010

REFLEXIONES CONTRA EL BURKA


Sí a la ley del burka - Bernard -Henri Lévy (El País, 21, febrero, 2010)

Se oye decir: "El burka es una prenda; un disfraz, a lo sumo; no vamos a legislar la indumentaria y los disfraces...". Error. El burka no es una prenda, es un mensaje. Y es un mensaje que habla del sometimiento, esclavitud, anulación y derrota de las mujeres.


Se oye decir: "Tal vez sea sometimiento, pero consentido; sáquense de la cabeza la idea de un burka impuesto a unas mujeres que no lo quieren por unos maridos malvados, unos padres abusivos o el cafre de turno". Sea. Salvo que la servidumbre voluntaria nunca ha sido un argumento; el esclavo -o esclava- feliz nunca ha justificado la infamia inherente, esencial, ontológica, de la esclavitud. De los estoicos a Eliseo Reclus, de Schoelcher a Lamartine, pasando por Tocqueville, cada uno de los antiesclavistas del mundo nos ha dado todos los argumentos posibles contra esa pequeña infamia suplementaria que consiste en convertir a las víctimas en artífices de su propia desgracia.
Se oye decir: "Libertad de culto y de conciencia; libertad de ejercicio y expresión, para todos y todas, de la fe de su elección. ¿A título de qué íbamos a permitirnos prohibir que un fiel honre a Dios de la forma que prescriben los textos sagrados?". Otro sofisma. Nunca se repetirá bastante. El burka no es una prescripción coránica.No hay ningún versículo ni ningún texto de la Sunna que obligue a las mujeres a vivir en esa prisión de tela y chatarra que es un velo integral. No hay ningún shoyoukh, ningún doctor de la religión que ignore que el rostro no es una "desnudez", no más que las manos. Y no hablo de aquellos que, como Hassan Chalghoumi, el valiente imán de Drancy, están diciendo a sus fieles, alto y claro, que llevar ese velo integral es claramente antiislámico.
Se oye decir: "¡Cuidado con mezclar las cosas! Cuidado, al focalizar la atención sobre el burka, con no alimentar una islamofobia que no espera otra cosa para desatarse y sería, a su vez, una forma disfrazada de racismo. Impedimos que ese racismo se infiltrara por la puerta grande del debate sobre la identidad nacional; ¿vamos a dejarlo volver por la ventana de la discusión sobre el burka?". Sofisma, una vez más. Pertinaz y absurdo sofisma. Pues una cosa no tiene nada que ver con la otra. La islamofobia, y esto tampoco se repetirá bastante, no es, evidentemente, un racismo. Personalmente, no soy islamófobo. Me importa lo bastante lo espiritual y el diálogo entre espiritualidades como para ser hostil a una religión u otra. Pero, en cambio, el poder criticarlas libremente, el derecho a burlarse de sus dogmas o creencias, el derecho a la incredulidad, a la blasfemia, a la apostasía, son derechos conquistados a un precio demasiado alto como para que dejemos que una secta, unos terroristas del pensamiento, los anulen o los debiliten. De lo que se trata aquí es de Voltaire, no del burka. Es de las luces de ayer y de hoy, y de su herencia, no menos sagrada que la de los tres monoteísmos. Un paso atrás, uno solo, en este frente, constituiría una señal para todos los oscurantismos, para todos los fanatismos, para todas las verdaderas ideologías del odio y la violencia.
Finalmente, también se oye decir: "Pero ¿de qué estamos hablando, al fin y al cabo? ¿Cuántos casos hay? ¿Cuántos burkas? ¿Hay que armar tanto alboroto por unos cuantos miles -por no decir centenares- de burkas censados en el conjunto del territorio francés? ¿Merece la pena echar mano de semejante arsenal de reglamentos, hacer una ley?". Es el argumento más frecuente. Y, para algunos, el más convincente. Pero, en realidad, es tan especioso como los anteriores. Pues una de dos: o se trata sólo de un juego, de un integumento, de un disfraz y, entonces, en efecto, lo que procede es la tolerancia; o se trata de una ofensa contra las mujeres, de un atentado contra su dignidad, de un cuestionamiento frontal de una regla republicana fundamental -también pagada a un alto precio-: la de la igualdad de sexos, y entonces estamos hablando de un principio, y cuando se trata de principios, las cifras están fuera de lugar. ¿Alguien concibe que se cuestionasen las leyes de 1881 so pretexto de que los atentados contra la libertad de prensa son infrecuentes? ¿Y qué diríamos de alguien que, tras observar una disminución de los ataques racistas o antisemitas contra las personas, pensara en aligerar, o incluso en abolir, la legislación vigente sobre la materia? Si realmente el burka es lo que digo, si es ese insulto contra las mujeres y contra su lucha secular por la igualdad; si, por añadidura, es una injuria contra esas mujeres que, en el preciso momento en que escribo, desfilan a rostro descubierto en Irán contra un régimen de asesinos que tiene en el burka uno de sus símbolos; en resumen, si este símbolo significa que la humanidad se divide entre aquellos que tienen un cuerpo glorioso y dotado de un no menos glorioso rostro y aquellas cuyo cuerpo y cuyo rostro son ultrajes vivientes, escándalos, impurezas que nadie debería ver y que habría que ocultar o neutralizar, entonces, aunque hubiera una única mujer en Francia que se presentase enjaulada en el hospital o en el ayuntamiento, habría que liberarla.
Por todas estas razones de principios estoy a favor de una ley que no deje lugar a dudas y declare antirrepublicano portar el burka en los espacios públicos.
Traducción: José Luis Sánchez-Silva

martes, 8 de diciembre de 2009

10 DE DICIEMBRE. CONMEMORACIÓN DE LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

LOS DERECHOS HUMANOS SON AQUELLAS EXIGENCIAS QUE BROTAN DE LA PROPIA CONDICIÓN NATURAL DEL SER HUMANO.

LOS DERECHOS HUMANOS SON EL CONJUNTO DE VALORES ÉTICOS QUE COMPONEN LA DIGNIDAD HUMANA PROPIA DE TODAS LAS PERSONAS DESDE QUE NACEN, SIN DISTINCIÓN DE RELIGIÓN, RAZA, EDAD, SEXO, CONDICIÓN SOCIAL, PENSAMIENTO, ETC.

Para poder vivir con la dignidad acorde a nuestra naturaleza, los seres humanos necesitamos el reconocimiento y la preocupación por la efectiva realización de los derechos humanos.



"Deberíamos aprender a leer, siempre, en el rostro de nuestro semejante, el luminoso resplandor de su diferencia" (E. Levinas - filósofo)


El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, basándose en la libertad, la justicia y la paz como base del reconocimiento de la dignidad y de los derechos iguales e invariables de todos lo miembros de la familia humana.

jueves, 14 de mayo de 2009

DECÁLOGO PARA CREAR UN DELINCUENTE. A PROPÓSITO DE LA MALA EDUCACIÓN




Emilio Calatayud, conocido por sus sentencias educativas y orientadoras, ha publicado un libro: 'Reflexiones de un juez de menores' (editorial Dauro), en el que inserta un 'decálogo para formar un delincuente'






Os invito a que leáis un DECÁLOGO PARA CREAR UN DELINCUENTE, que es un listado de consejos irónicos que invitan a la reflexión.


Antes de leer el catálogo, quien lo desee puede echarle un vistazo a este vídeo del citado juez. http://es.youtube.com/watch?v=K2GTauJT5Vg


Y, ahora, repasa estos consejos y ten valor para comentarlos con tus padres, pues fueron pensados para adultos/padres:


1. Comience desde la infancia dándole todo cuanto desee: así crecerá convencido de que el mundo entero le debe todo y le pertenece.


2. Reídle todas sus groserías, tonterías y salidas de tono: así crecerá convencido de que es muy gracioso y no entenderá cuando en el colegio le llamen la atención por los mismos hechos.


3. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.


4. Nunca le regañe ni le diga que lo que hace está mal: podría adquirir complejos de culpabilidad y vivir frustrado; primero creerá que le tienen manía y más tarde se convencerá de que la culpa es de la sociedad.


5. Recoja todo lo que vaya dejando tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes,… Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad en los demás y crecerá pensando que todo el mundo está a su servicio.


6. Déjele ver y leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no se preocupe de que su mente se llene de basura. Inculcarle un buen criterio no importa.


7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.


8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar. Que piense que basta con pedir.


9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones. Que todos sus deseos estén satisfechos al instante,… ¡de otro modo podría acabar siendo un frustrado!


10. Dele siempre la razón: son los profesores, los vecinos, la gente, las leyes… quiénes la tienen tomada con él.


“Y cuando su hijo sea ya un delincuente, proclame que nunca pudo hacer nada por él”.




Quien quiera más información sobre este juez le invito que eche un vistazo a: http://www.xlsemanal.com/web/articulo.php?id=19257&id_edicion=2287

viernes, 10 de abril de 2009

ADOLESCENTES Y ALCOHOL

El siguiente video es un recurso audiovisual que presenta en clave lúdica una iniciativa innovadora para prevenir el abuso de alcohol entre adolescentes.

Se basa en el modelo de educación en Habilidades para la Vida propuesto por la Organización Mundial de la Salud. Estas habilidades son: autoconocimiento, empatía, comunicación asertiva, relaciones interpersonales, toma de decisiones, solución de problemas y conflictos, pensamiento creativo, pensamiento crítico, manejo de emociones y sentimientos y manejo de tensiones y estrés (Para saber más sobre el tema: www.habilidadesparalavida.net).


sábado, 7 de febrero de 2009

EDUCAR CIUDADANOS, TAREA LEGÍTIMA DE UN ESTADO DEMOCRÁTICO







(presentado por Juan Ramón Tirado en las VII Jornadas de Filosofía de Andalucía y publicado en la revista de filosofía ALFA)




RESUMEN:
Ya en los orígenes de nuestra tradición cultural encontramos apelaciones a la necesidad de que el Estado eduque a los ciudadanos para lograr la armonía, la justicia y la felicidad en la sociedad. En la actualidad, en las sociedades complejas del s. XXI, tal implicación del Estado en la educación de los ciudadanos no sólo sigue siendo legítima, sino que se convierte en una tarea ineludible si se pretende revitalizar la democracia. Tal proceder por parte del Estado, a pesar de las críticas, no contraviene el espíritu de la Constitución de 1978, ya que no se trata de intervenir en la moral privada de los ciudadanos (creencias personales), sino de inculcar una ética civil (valores cívico-democráticos) imprescindible para una convivencia pacífica y tolerante.
PALABRAS CLAVE: educación, ciudadanos, legitimidad, Estado democrático.

SUMMARY:
As far back as in the early stages of our cultural traditions, we may find expressions of the necessity that the State educate its people in order to achieve harmony, justice and happiness in society. Nowadays, in the complex societies of the twenty first century, the involvement of the State in the education of its citizens is still not only legitimate but also turns out to be an unavoidable task if democracy is intended to be revitalized. Such actions by the State, in spite of their being attacked, do not contravene the spirit of the 1978 Constitution, because it is not a matter of interfering in the private morality of the citizens (personal believes) but of instilling in them values of civic ethics (civic-democratic values) which are essential for a peaceful and tolerant coexistence.
KEY WORDS: education, citizens, legitimacy, democratic State.



& & &

Si la "educación para la ciudadanía" se ha convertido en uno de los temas de nuestro tiempo –bien es cierto que más mediático que otra cosa, pues la propuesta de las autoridades educativas ha sido modesta- es porque los nuevos cauces que debe seguir la democracia para afianzarse exige una formación democrática de los ciudadanos, tanto en sus aspectos cognitivos (conocer derechos, deberes, instituciones, fundamentos, así como los grandes retos de nuestro tiempo) como en los prácticos (actitud crítica, participativa y control responsable), al margen de cómo se muestren los acontecimientos en la caverna mediática de la era tecnológica en que vivimos.
Aunque democracia, ciudadanía, educación para la ciudadanía y filosofía gozan de un notorio eco en nuestros días, su génesis no es reciente. Su origen se retrotrae a una misma época, que coincide con la raíz misma de nuestra tradición cultural. Aristóteles, tan innovador como en muchos otros temas, en el libro III de su Política, elabora una primera teoría completa de la ciudadanía. Más adelante, en el libro VIII, afirma (p. 301): "Nadie pondrá en duda que el legislador debe poner el mayor empeño en la educación de los jóvenes (…). La educación debe ser una y la misma para todos los ciudadanos y el cuidado de ella debe ser asunto de la comunidad y no de la iniciativa privada, como lo es actualmente cuando cada uno se ocupa particularmente de la educación de sus hijos y les da la instrucción particular que le parece". Diagnostica el Estagirita que un Estado que no se ocupa de una educación común de los jóvenes, adaptada a su Constitución, lo sufre en sus propias instituciones. También Platón, en su República, considera que la educación es cimiento de la armonía, justicia y felicidad en el seno del Estado. Estamos, por tanto, ante un problema casi tan enraizado como la filosofía misma –o lo que es lo mismo, tan viejo como nuestra civilización-, pero que adquiere nuevas dimensiones en los debates liberal-republicanos de la ciudadanía democrática en nuestros días.
Ser ciudadano en el s. XXI implica grandes retos. Destacan, entre ellos, determinar los cauces de participación en la vida pública, promover actitudes cívicas y evitar los engaños de la caverna mediática, de confundir realidad y sombras; realidad y ficción; auténtica cultura cívica y espectáculo sensacionalista, información manipulada, intereses ocultos, ideologías camufladas, propaganda tergiversadora,... Plantearse superar tales retos sólo será posible si admitimos que la educación de los ciudadanos es el corazón de un Estado democrático: lo que no nos proporciona la genética –una actitud cívica concienciada, responsable y comprometida-, sólo nos lo puede proporcionar la educación, la única que permite liberarnos de las cadenas que esta sociedad opulenta presenta de una forma tan seductora a través de medios de comunicación, consumismo omnipresente, mercantilización de hábitos de vida, sobrevaloración de lo privado, etc., permitiendo abrir cauces, por tanto, para una auténtica actitud autónoma regida por valores cívico-democráticos.




1. SOBRE LA NECESIDAD DE UN CONSTANTE DEBATE SOBRE LA EDUCACIÓN.
La educación con frecuencia es noticia si es para hacer referencia a nuevos casos de indisciplina escolar, nuevas reformas o como un arma arrojadiza más de la que se sirven nuestros políticos en sus enconados enfrentamientos, sin embargo, necesita urgentemente un tratamiento riguroso, sereno y profundo que permita recobrar la sabiduría perdida.
Educar en una sociedad ideológicamente plural, como es la nuestra, resulta una tarea sumamente compleja. Si a ello unimos la actual conciencia de crisis de valores existente y la falta de consenso sobre qué valores y cómo se deben transmitir, parece tornarse ésta en una tarea cada vez más ardua e ingrata, aunque no por ello se puede posponer. El civismo o conducta del buen ciudadano exige una educación cívica que permita adquirirlo, para hacer la vida en común más agradable y cordial.
Sin embargo, numerosas cuestiones ineludibles aparecen ya antes de iniciar cualquier proceso educativo. Sirvan a modo de ejemplo las siguientes: ¿Qué es el ser humano?, ¿En qué consiste un auténtico desarrollo personal? ¿Se debe mantener una esmerada ecuanimidad ante la pluralidad de opciones ideológicas, religiosas, sexuales y otros diferentes estilos de vida (focalizados en drogas, telebasura, diversidad estética…) o se ha de razonar sobre lo preferible e indicar modelos de excelencia a seguir? ¿Debe la educación preparar hábiles competidores en el mercado profesional o formar personas íntegras? ¿Se ha de potenciar la autonomía personal o la cohesión social conformista y acrítica? ¿Se ha de apostar por la eficacia utilitarista o por la creatividad ociosa? etc. Si algunos de los posibles objetivos anteriormente mencionados son incompatibles, ¿cómo y quién debe decidir por cuáles optar?
Responder a estas cuestiones ineludibles de un modo cabal dista mucho de ser fácil, pero tampoco es suficiente. Las exigencias educativas de las sociedades plurales, tecnificadas, opulentas y complejas son cada vez más crecientes. Además, nos encontramos con que la escuela no es la única institución con funciones educativas. De modo que, paradójicamente, los mensajes que transmiten diferentes instituciones suelen ser antagónicos. La familia, de una parte, parece estar pasando por un auténtico eclipse: los padres, a veces, no asumen la responsabilidad de ser padres –es más cómodo ser colegas y/o meros financiadores de los hijos (permisividad, sobreprotección y abundancia se imponen en estos casos: es fácil, por tanto, para los hijos, conseguir casi todo sin esfuerzo)-, relegando la educación a la escuela e, incluso, más de lo deseable, a los medios de comunicación (televisión-canguro).
Por otra parte, la sociedad neoliberal postmoderna en que vivimos irradia un discurso axiológico impregnado de incoherencias que dificulta cualquier pretensión coherente de lograr una educación integral. Niños y jóvenes reciben un doble mensaje o doble moral, que vicia y desvirtúa toda educación en valores, pues a menudo la praxis cotidiana está dominada por el éxito de contravalores. Mientras en el plano de las declaraciones teóricas los grandes principios y valores heredados de nuestra rica tradición cultural están omnipresentes, en el plano de la realidad triunfa el hedonismo superficial, pragmático, acomodaticio y obsesivamente individualista. Así, no es difícil observar declaraciones solidarias y tendentes a la cooperación –mera retórica- junto a acciones de competitividad e individualismo extremos; abogar por la concienciación ante el deterioro medioambiental, mientras no se pone ningún freno al propio consumismo irresponsable...
Ante esta situación, entiendo que la apuesta por una educación integral –que ha de apoyarse en una adecuada educación cívico-democrática- ha de afanarse francamente, aunque sea casi como proyecto contracultural, en preparar a niños y jóvenes para entender (¿por qué las cosas son como son?), para ser (autonomía personal solidaria) y para actuar (actitud responsable y comprometida), desde la coherencia entre teoría y práctica, entre discurso y acción.
El desconcierto y la sensación de impotencia, tan frecuentes hoy, deben ser superados aceptando que la tarea educativa tiene que ser necesariamente compartida y responsabilidad de todos los agentes sociales: poderes públicos, escuela, familia,… toda la tribu, como gusta repetir a José Antonio Marina, debe implicarse, cada cual en su ámbito de competencias y posibilidades.




2. SOBRE LA NECESIDAD DE EDUCAR CIUDADANOS.
La identidad personal, las identidades colectivas y la comunidad política de la que el ser humano forma parte influyen notablemente entre sí. La primera se nutre en gran medida de las otras dos. Por eso, habrá diferencias radicales entre coexistir en una democracia o ser súbdito de un sistema autoritario. La civilidad bajo el poder coercitivo de un estado autocrático difiere notablemente de la concepción activa de la ciudadanía que se requiere en una democracia, debiendo propiciarse ésta mediante la educación. De igual manera que no se nace demócrata, tampoco se nace propiamente ciudadano. El ciudadano no nace, sino que se hace a través de la educación (aunque también intervengan factores volitivos, etc.), de modo que educar ciudadanos se convierte en una tarea ineludible. Pero no se trata de adoctrinar al ciudadano para que adopte unas determinadas preferencias ideológicas, sino de que a través de la educación tome conciencia y se instruya en sus derechos y deberes cívico-democráticos desde una posición personal autónoma responsable.
La educación de los ciudadanos es el pilar básico sobre el que ha de sustentarse toda democracia que pretenda ser tal, ya que por naturaleza, por biología, por genes, no nacemos instruidos en los valores cívico-democráticos. Y como nos va en ello el lograr una convivencia pacífica y tolerante en una sociedad cada vez más compleja y globalizada, habrá que forjar tales valores necesariamente mediante la educación, única vía alternativa a la genética con que contamos los seres humanos. Que se considere suficiente para lograr esa educación limitarla a unas pocas horas en la escuela es otra cuestión en la que no entraré ahora.
La creciente complejidad de la sociedad actual está clamando por una renovada idea del activo papel que los ciudadanos han de jugar en las distintas redes que constituyen hoy la urdimbre de relaciones que generan la convivencia. De ahí que quepa hablar, como hace Rubio Carracedo, de una "ciudadanía compleja", con una triple exigencia (2000, p. 28): a) iguales derechos fundamentales irrenunciables para todos los ciudadanos; b) derechos diferenciales para los grupos, mayoritarios y minoritarios; c) condiciones mínimas de igualdad para el diálogo libre y abierto de los diferentes grupos socioculturales (política multicultural).
Esto lleva a plantear en la actualidad diferentes formas, no excluyentes sino complementarias, de entender la ciudadanía (Cortina, 1997; Rubio Carracedo, 2003 y 2007; Savater, 1998): activa (exige implicación personal responsable ante la comunidad participando desde el respeto a los derechos de los demás), democrática (exige un compromiso no sólo político sino también social con la democracia), diferenciada (exige elaborar políticas de desigualdad, aunque parezca paradójico, para fomentar la igualdad, permitiendo a las minorías salir de la marginación), postnacional (forjada sobre el "patriotismo constitucional" –Habermas-, al ser la constitución la única que proporciona una integración común estableciendo los cauces del pluralismo legítimo), multicultural (debe garantizar la igualdad de las libertades pero también reconocer las diferencias culturales o sociales), intercultural (permite incentivar el diálogo, intercambio y enriquecimiento entre tradiciones culturales con objeto de ir fijando entre todos unos principios de convivencia justa y feliz), intracultural (cuando las diferencias étnicas, culturales o religiosas no promueven la libertad o la igualdad, la ciudadanía puede incentivar iniciativas de reflexión y cambio dentro de las propias culturas) y cosmopolita (ideal a realizar de que todas las personas se consideren ciudadanas de pleno derecho en cualquier lugar del planeta).
Tales concepciones de la ciudadanía pueden ser teóricamente atinadas, pueden incluso señalar sagazmente los fundamentos y la dinámica de la “ciudadanía compleja”, por seguir esta denominación, pero si omiten un proyecto y su puesta en práctica del proceso de educación para la ciudadanía se quedan en hermosas y cautivadoras florituras puramente ornamentales o en imaginativas disquisiciones intelectuales, pero ineficaces para movilizar la acción ciudadana sobre los ejes de la civilidad democrática, ya que como nadie nace educado, ni sabiendo, ni demócrata, las virtudes cívico-democráticas han de inculcarse mediante una correcta educación ciudadana.
Rousseau, uno de los máximos adalides de la democracia participativa, en Consideraciones sobre el gobierno de Polonia, tituló el capítulo dedicado a la educación ciudadana (OC, III, p.966): "Educación. Éste es el capítulo importante". La razón parece clara: sólo cabe pensar en un ejercicio de una ciudadanía responsable y activa si previamente se conocen los entresijos sociopolíticos globales, nacionales, regionales y locales fundamentales, así como los derechos y deberes de ciudadanos, instituciones y Estado.
La realidad sociopolítica es compleja, por lo que la ciudadanía sólo puede abordarla responsablemente a través de una adecuada educación, que parece tornarse imprescindible, aunque no por ello sencilla. La dificultad estriba, como afirma Savater, en que "hay que fabricar demócratas y no feligreses" en sociedades complejas, insistiendo en la idea de que "la principal manufactura de la democracia debe ser fabricar demócratas", pues se trata de vivir en un sistema en el que todos, en cierta medida, somos o podemos ser gobernantes. Sin demócratas genuinos no tiene sentido hablar de auténtica democracia.
Aunque la propuesta de "Educación para la Ciudadanía" es modesta y, en algún aspecto, como toda nueva asignatura, seguramente perfectible, la oposición frontal no se ha hecho esperar, especialmente por parte de la Conferencia Episcopal y de algunos presidentes de las comunidades autónomas gobernadas por representantes del pensamiento liberal más conservador. Los fundamentos, en este último caso, podemos encontrarlos en que, como afirma Rubio Carracedo (2007, p. 71) para este liberalismo "no existen verdaderas tareas colectivas y el bien común carece de sentido ya que sólo existe el bien individual y el agregado de preferencias individuales". Insiste Rubio Carracedo en que el enfoque liberal conservador promueve más o menos conscientemente una ciudadanía pasiva, apática, desencantada y desinteresada del ejercicio de los derechos políticos y sociales ya que (2007, p. 74): "mantiene una visión instrumental de los derechos políticos y hasta favorece el absentismo y la pasividad ciudadanas, con excepción del voto clientelar al partido que mejor puede representar sus intereses particulares. Se trata de una opción estratégica para propiciar un elitismo político o, más exactamente, para llevar a la esfera pública las desigualdades sociales".
Parece claro, sin embargo, a pesar de sus detractores, que revitalizar la democracia exige revitalizar el papel de la ciudadanía a través de una educación en la responsabilidad de su tarea. La nueva asignatura no puede sustituir esa educación básica cuyos maestros han de ser los padres, cada cual con sus criterios axiológicos e, incluso, tampoco sustituye la notable influencia de los políticos, los periodistas, los publicistas, los frívolos, superficiales y sensacionalistas "magazines rosa" o reality shows, la violencia como modelo de resolución de conflictos, los seductores tentáculos del consumo, etc., omnipresentes en nuestras vidas a través de los influyentes medios de comunicación. Pero, aún yendo contracorriente –algo nada sorprendente en la tarea educativa-, pretende poner las bases de un futuro comportamiento cívico, democrático, informado, responsable y participativo. Promueve el respeto de todos los derechos humanos y a toda minoría social; promueve, igualmente, el diálogo como solución de los conflictos; las actitudes solidarias y pacíficas, a la vez que reflexiona sobre la convivencia en sus diversos niveles; combate la xenofobia, el racismo y la discriminación de género; afirma el valor fundamental de la familia; describe las instituciones democráticas y sus fundamentos constitucionales sin autoritarismos; los deberes ecológicos, el consumo responsable, el multiculturalismo y las peculiaridades de vivir en una sociedad globalizada también forman parte de su objeto de estudio; todo ello desde el pluralismo y sin dogmas ideológicos impuestos a los alumnos. Por eso, suena a acusación interesada alegar, como hace la jerarquía eclesiástica, que se trata de un totalitarismo moral contrario a la fe cristiana, al que incita a rebelarse a través de la objeción de conciencia. Quien no dudó en bendecir el nacionalcatolicismo franquista (recuérdese que el Generalísimo lo era por la gracia de Dios) protesta ahora por que se forme a la juventud en valores cívico-democráticos y en la tolerancia respetuosa[1].
Si volvemos nuestra mirada hacia la historia, gran maestra a menudo olvidada, quizás no nos sorprenda tanto esta oposición tan frontal de la Conferencia Episcopal Española a la enseñanza de valores cívicos sin el patrocinio de la Santa Madre Iglesia. Esta actitud no es nueva. Como suele decir el teólogo alemán Johann Baptist Metz "no hay un solo valor moderno que no haya sido desacreditado por la Iglesia", aunque algunos de ellos hayan tenido su germen en el propio cristianismo (pero no en su jerarquía, claro). Por poner algunos ejemplos: en 1791, como respuesta a la proclamación francesa de los Derechos del Hombre, el papa Pío VI en su encíclica "Quod aliquantum" afirmaba "que no puede imaginarse tontería mayor que tener a todos los hombres por iguales y libres". En 1832, Gregorio XVI, en la encíclica "Mirari vos" condena la reivindicación de la "libertad de conciencia" como un error "venenosísimo". En 1864, Pio IX condena los errores de la democracia. León XIII en la encíclica "Libertas" de 1888 condena el liberalismo y el socialismo. Pio X en 1906 en la encíclica "Vehementer" condena la separación entre Iglesia y Estado… y podríamos seguir con un amplio elenco de reprobaciones. Todavía hoy, censura la Iglesia, apelando a una presunta ley natural de origen divino, el divorcio, los anticonceptivos, las relaciones sexuales fuera del matrimonio, las relaciones afectivas con personas del mismo sexo, numerosas innovadoras investigaciones médicas biotecnológicas, cualquier forma de eutanasia,... ante lo que no podemos sino echar de menos una voz que despierte lo mejor de una tradición tan fecunda como la cristiana, que su jerarquía se empeña en ocultar. También se echa de menos, a pesar del tiempo transcurrido y de los cambios acaecidos, su toma de conciencia de que sus doctrinas, aunque totalmente respetables, en un Estado aconfesional, como es el nuestro, sólo deben tener pretensión de validez para sus fieles, no siendo en ningún caso legítimo que pretendan imponerlas a todos. Lo ilegal y lo pecaminoso hace ya tiempo que dejaron de ser una misma cosa.




3. SOBRE LA LEGÍTIMA TAREA DEL ESTADO EN LA EDUCACIÓN DE LOS CIUDADANOS.
Sobre la controversia creada acerca de la asignatura "Educación para la Ciudadanía" convendría recordar que los contenidos de la citada asignatura responden a la Recomendación 12/2002 del Consejo de Ministros del Consejo de Europa que alude a los objetivos de la Educación para la Ciudadanía Democrática en términos muy similares a como lo hacen los Reales Decretos 1315 y 1631 del año 2006. Conviene añadir, además, que la alusión a valores de naturaleza moral no es novedosa en la Ley Orgánica 2/2006, pues ya el sistema educativo de la LOGSE –con gobiernos tanto del PSOE como del PP- se hallaba “impregnado del sentido moral constitucionalmente exigido".
Aunque es cierto que en la LOGSE se optó fundamentalmente por la transversalidad, a todas luces insuficiente si observamos la evolución de la educación en los últimos años, la obligatoriedad de la “Vida Moral y Reflexión Ética” en 4º de ESO no suscitó debate alguno desde que se implantó hace casi dos décadas. En cambio, al modificar actualmente su denominación a “Educación ético-cívica”, también ha pasado a ser objeto de discordia, por considerarla continuación de la polémica EpC. Sus contenidos apenas si han cambiado, pero mientras la EpC incide en los valores ciudadanos, la “Educación ético-cívica” lo sigue haciendo, como antes, en los valores y problemas morales y en las diferentes teorías éticas de buena vida. Ambas asignaturas tienen un marco común: la persona en las sociedades democráticas contemporáneas, con planteamientos ético-morales plurales.
También conviene recordar, por otra parte, acerca de esta polémica, que en nuestro sistema educativo, son los poderes públicos quienes determinan los currículos, no los profesores –aunque cuenten con el reconocido e inalienable derecho de libertad de cátedra-, ni los alumnos, ni los padres de los alumnos, ni los dirigentes de determinados credos religiosos, por lo que queda en manos del legislador legítimamente constituido la competencia para desarrollarlos, siempre, claro está, dentro de los límites de la Constitución.
Nuestra Constitución de 1978 sobre esta cuestión establece que "la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales" (artículo 27.2), y la asignatura aludida fue introducida en nuestro sistema educativo a través de la Ley Orgánica 2/2006 de 3 de mayo de Educación, la cual, en su exposición de motivos, señala que su finalidad consiste en "ofrecer a todos los estudiantes un espacio de reflexión, análisis y estudio acerca de las características fundamentales y el funcionamiento de un régimen democrático, de los principios y derechos establecidos en la Constitución Española y en los Tratados y las Declaraciones Universales de los Derechos Humanos, así como de los valores comunes que constituyen el sustrato de la ciudadanía democrática en un contexto global. Esta educación, cuyos contenidos no pueden considerarse en ningún caso alternativos o sustitutorios de la enseñanza religiosa, no entra en contradicción con la práctica democrática que debe inspirar el conjunto de la vida escolar y que ha de desarrollarse como parte de la educación en valores con carácter transversal a todas las actividades escolares. La nueva materia permitirá profundizar en algunos aspectos relativos a nuestra vida en común, contribuyendo a formar a los nuevos ciudadanos".
Los Decretos 230/07 y 231/07, por su parte, especifican que en la Educación para la Ciudadanía se prestará especial atención a la igualdad entre hombres y mujeres, y al respeto de los derechos humanos, de las libertades fundamentales y de los valores que preparan al alumno para asumir una vida responsable en una sociedad libre y democrática y el conocimiento respecto a los valores recogidos en la Constitución Española y en el Estatuto de Autonomía para Andalucía. Valores a los que habrá de añadir, a tenor de lo previsto en la LO 2/06, aquellos "que constituyen el sustrato de la ciudadanía democrática en un contexto global".
Por tanto, a quienes consideran que vulnera o conculca la libertad ideológica y religiosa, habría que manifestarles que no debe hacerse una interpretación de los derechos reconocidos en los artículos 16.1 y 27.3 de la Constitución que vacíe de contenido lo dispuesto en los artículos 16.3 y 27.2 de la propia Constitución que se refieren, respectivamente, al carácter aconfesional del Estado ("Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones") y al objeto de la educación ("La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales").
Por otra parte, también habría que recordarles que los objetivos que se promueven para esta asignatura, resultan contrarios o antitéticos a un pretendido adoctrinamiento. Me refiero, más concretamente, a la conveniencia de asumir los valores propios de la Constitución, Convenciones Internacionales, Tratados y Declaraciones Universales sobre Derechos Humanos, de desarrollar el sentido crítico respecto de opiniones ajenas y el respeto para todas las personas con independencia de su edad, sexo, cultura y creencias; se señala, además, entre los objetivos de esta asignatura que un elemento sustancial de la educación cívica es "la reflexión encaminada a fortalecer la autonomía de alumnos y alumnas para analizar, valorar y decidir desde la confianza en sí mismos, contribuyendo a que construyan un pensamiento y un proyecto de vida propios", todo ello orientado a la convivencia y relaciones humanas, a que se constriñe, únicamente, el ámbito de la asignatura, es decir, a la moral o ética cívica, la cual es -conviene insistir en ello- muy distinta de la moral – vinculada a creencias religiosas o no - íntima e individual de cada persona, a la que no se refiere la regulación de la asignatura cuestionada, ya que esta moral personal sí forma parte de la inviolable libertad de conciencia de cada ciudadano por parte del Estado.
La enseñanza de una ética civil, que contiene principios para el comportamiento en sociedad, no contradice la moral – sea religiosa o no- personal, pues se trata de planos diferentes. El derecho a la libertad de conciencia y de elegir la formación moral y religiosa que se estime más deseable por parte de cada ciudadano, o de sus padres en el caso de los menores de edad, no es incompatible con la formación en los principios democráticos de convivencia y en los derechos humanos, pues la formación en valores ético-cívicos no es monopolio de ningún credo religioso o ideología política, además de tratarse de dos planos axiológicos diferenciados: los valores que inspiran la convivencia democrática, pacífica y tolerante, de una parte, y los valores personales e íntimos que conciernen a las creencias de cada ciudadano, de otra parte.
Es cierto que la nueva asignatura pretende formar la conciencia del alumnado, como afirman quienes la critican e, incluso, incitan a objetar, pero, entiéndase bien, formar en lo que afecta a sus derechos y deberes ciudadanos. Es triste, por tanto, que una asignatura tan necesaria en una sociedad que se autodenomina democrática y que debe aspirar a consolidar sus cimientos y prácticas democráticos, se haya convertido en objeto de una campaña mediática tan aparatosa y manipuladora, que me temo que tiene entre uno de sus objetivos fundamentales confundir a la ciudadanía, pues la mayoría de la población, lamentablemente, no tendrá la posibilidad de conocer de primera mano cuánto hay de real y de artificioso en la polémica creada. Si realmente hay contenidos perfectibles, lo cual es posible, como en cualquier nueva asignatura, habría que recurrir para su mejora a un sereno diálogo consensuador e integrador, no a la frontal disensión y disputa implacable, que solo contribuyen a un mayor deterioro del sistema educativo.
Por tanto, podemos concluir que no sólo es legítimo que el Estado promueva la educación cívico-democrática, sino que ésta se convierte en una tarea ineludible si se pretende fortalecer una democracia, que cuenta con no pocas carencias en la actualidad, algunas de ellas debidas al desconocimiento, la apatía, la pasividad, la inercia, la indiferencia ante lo público de los ciudadanos, que ha contado con frecuencia con el visto bueno de los poderes públicos, pero que a tenor de los acontecimientos, puede llevarnos a una inhibición y despreocupación ante lo público (existencia común), junto con una capacidad crítica y autonomía personales muy mermadas, que pueden provocar un auténtico secuestro de la voluntad popular, una tiranía enmascarada de las oligarquías, ayudada por un eclipse mediático de una auténtica opinión pública democrática, imparcial, libre y documentada, con consecuencias personales y colectivas imprevisibles, aunque probablemente indeseables, pues el futuro y bienestar de una sociedad democrática ha de depender fundamentalmente del compromiso responsable de sus ciudadanos.




BIBLIOGRAFÍA:
ARISTÓTELES, Política, México, Porrua, S.A., 1979.
CAMPS, V., Creer en la educación. La asignatura pendiente, Barcelona, Península, 2008.
CAMPS, V. y GINER, S., Manual de civismo, Barcelona, Ariel, 5ª ed., 2004.
CEREZO, P., (Coord.), Democracia y virtudes cívicas, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005.
Constitución Española de 1978 http://www.map.es/documentacion/legislacion/constitucion.html
CORTINA, A., Ciudadanos del mundo. Hacia una teoría de la ciudadanía, Madrid, Alianza, 1997.
GUTMANN, A., La educación democrática, Barcelona, Paidós, 2001.
LEY ORGÁNICA 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (BOE núm. 106: jueves, 4 de mayo 2006).
PLATÓN, República, Madrid, Espasa Calpe, 2006.
ROUSSEAU, J. J., Oeuvres complètes I-IV, París, Gallimard, 1959-69.
RUBIO-CARRACEDO, J., ROSALES, J. M. y TOSCANO, M., Ciudadanía, nacionalismo y derechos humanos, Madrid, Trotta, 2000.
RUBIO-CARRACEDO, J., Ciudadanos sin democracia, Granada, Comares, 2005.
RUBIO-CARRACEDO, J., Educación moral, postmodernidad y democracia, Madrid,
Trotta, 1996.
RUBIO-CARRACEDO, J., ROSALES, J. M. y TOSCANO, M., Educar para la ciudadanía. Perspectivas ético-políticas, Málaga, Suplemento 8 de Contrastes, 2003.
RUBIO-CARRACEDO, J., Teoría crítica de la ciudadanía democrática, Madrid, Trotta, 2007.
SAVATER, F., Diccionario del ciudadano sin miedo a saber, Barcelona, Ariel, 2007.
SAVATER, F., El valor de educar, Barcelona, Ariel, 1997.
SAVATER, F., Ética, política y ciudadanía, México, Grijalbo, 1998.




[1] El Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Madrid, Rouco Varela, según informa ABC (18-septiembre-2008) ha remitido un contundente comunicado a los colegios católicos para que se informe a los padres de que la asignatura EpC «contradice la Doctrina Social de la Iglesia y el derecho fundamental de los padres a determinar la educación moral y religiosa para sus hijos», invitándolos a objetar. El gobierno de la Comunidad de Madrid y algunos otros del PP apoyan la propuesta. Victoria Camps, catedrática de Filosofía Moral, por su parte, en una entrevista publicada en el diario Público el día 21 de septiembre de 2008 afirma que: “Es una materia absolutamente necesaria, el mínimo ético que hay que enseñar a cualquier persona en una democracia (…). La polémica por esta asignatura es sólo una lucha política.” Ciertamente, así parece. No es la asignatura, ni la gran mayoría de sus contenidos lo que molestan, sino que se utilizan algunos conceptos o contenidos muy puntuales sobre los que se ha legislado recientemente con la oposición de la cúpula de la Iglesia y del PP para intentar desacreditar y hacer una enmienda a la totalidad creando la máxima confrontación y crispación, eclipsando y confundiendo los auténticos problemas actuales de la educación. Flaco favor a la educación hacen quienes así actúan.

jueves, 5 de febrero de 2009

SÍ A LA EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA



Quiero pensar que somos muchos los sorprendidos por los ataques que está sufriendo la nueva asignatura EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA Y LOS DERECHOS HUMANOS. Sorpresa, digo, porque quienes más la critican coinciden “off the record” con sus defensores en la grave crisis de valores que estamos viviendo y en la necesidad de educar en valores cívicos.

Mi defensa de la Educación para la Ciudadanía no es nueva ni oportunista ni nada tiene que ver con la aparición de esta asignatura que, aunque pudiera convertirse en una “maría” tal como finalmente ha quedado, la valoro positivamente por considerar que la educación de los ciudadanos es el pilar básico sobre el que ha de sustentarse toda democracia que pretenda ser tal, ya que por naturaleza, por biología, por genes, no nacemos instruidos en los valores cívicos democráticos (para demostrar tal afirmación sólo basta mirar nuestro entorno y observar algunas de las actitudes que predominan). Y como nos va en ello el lograr una convivencia pacífica y tolerante en una sociedad cada vez más compleja y globalizada, habrá que forjar tales valores necesariamente mediante la educación, única vía alternativa a la genética con que contamos los seres humanos. Que se considere suficiente para lograr esa educación limitarla a unas pocas horas en la escuela, es otra cuestión en la que no entraré ahora.

Decía que mi interés por la cuestión no es nuevo. Hace años tuve la oportunidad de pertenecer al grupo de investigación de la Universidad de Málaga denominado "La democracia de los ciudadanos". Más tarde coordiné un grupo de trabajo en un instituto de secundaria sobre "Educar para una ciudadanía responsable". Experiencias estas que me permitieron conocer numerosas investigaciones e, incluso, realizar alguna propia sobre la complejidad de educar en valores para una ciudadanía responsable. Todo ello antes de que surgiera el debate sobre si debe impartirse o, como algunos proponen –la Conferencia Episcopal y afines-, ante esta asignatura lo que hay que hacer es objetar y, por tanto, no asistir a sus clases. ¡¡Según parece, algo difícil de imaginar hasta ahora, la revolución en las aulas va a venir de manos de los obispos!! Pero, seamos serios, pensemos por un momento: ¿quién decide qué asignaturas se estudian? Hasta ahora tal función ha recaído en el Estado. Podrá haber diferencias de criterios, pero quien no esté de acuerdo con la existencia de alguna asignatura que lo solucione en los tribunales o, si fuese necesario, en el Tribunal Constitucional, pero no objetando cada cual a lo que no le guste. Si se puede objetar tan fácilmente como proponen los obispos, imagino que en algunas asignaturas objetarían multitudes, vamos, que habría más objetores que alumnos dispuestos a seguir su aprendizaje. Seguro que no costaría demasiado encontrar a alguien dispuesto a buscar argumentos para poder objetar. ¿… o no?

La nueva asignatura no puede sustituir esa educación básica cuyos maestros han de ser los padres, cada cual con sus criterios axiológicos, e incluso, tampoco sustituye la notable influencia de los políticos, los periodistas, los publicistas, los frívolos, superficiales y sensacionalistas comentaristas de los "programas del corazón", la violencia como modelo de resolución de conflictos, etc. omnipresentes en nuestras vidas a través de los influyentes medios de comunicación. Pero, aún yendo contracorriente en ocasiones, pretende poner las bases de un futuro comportamiento cívico, democrático, informado, responsable y participativo. Promueve el respeto de todos los derechos humanos y a toda minoría social; promueve, igualmente, el diálogo como solución de los conflictos, las actitudes solidarias y pacíficas, a la vez que reflexiona sobre la convivencia en sus diversos niveles; combate la xenofobia, el racismo y la discriminación de género; afirma el valor fundamental de la familia; describe las instituciones democráticas y sus fundamentos constitucionales sin autoritarismos; los deberes ecológicos, el cambio climático, el consumo responsable, el multiculturalismo y las peculiaridades de vivir en una sociedad globalizada también forman parte de su objeto de estudio; todo ello desde el pluralismo y sin dogmas ideológicos impuestos a los alumnos. Por eso, suena a acusación interesada alegar, como hace la jerarquía eclesiástica, que se trata de un totalitarismo moral contrario a la fe cristiana, al que incita a rebelarse a través de la objeción de conciencia. Quien no dudó en bendecir el nacionalcatolicismo franquista (recuérdese que el Generalísimo lo era por la gracia de Dios) protesta ahora por que se forme a la juventud en valores cívicos y en la tolerancia respetuosa.

Si volvemos nuestra mirada hacia la historia, gran maestra a menudo olvidada, quizás no nos sorprenda tanto esta oposición tan frontal de la Conferencia Episcopal española a la enseñanza de valores cívicos sin el patrocinio de nuestra Santa Madre Iglesia. Esta actitud no es nueva. Como suele decir el teólogo alemán Johann Baptist Metz "no hay un solo valor moderno que no haya sido desacreditado por la Iglesia", aunque algunos de ellos hayan tenido su germen en el propio cristianismo (pero no en su jerarquía, claro). Por poner algunos ejemplos: en 1791, como respuesta a la proclamación francesa de los Derechos del Hombre, el papa Pío VI en su encíclica "Quod aliquantum" afirmaba "que no puede imaginarse tontería mayor que tener a todos los hombres por iguales y libres". En 1832, Gregorio XVI, en la encíclica "Mirari vos" condena la reivindicación de la "libertad de conciencia" como un error "venenosísimo". En 1864, Pio IX condena los errores de la democracia. León XIII en la encíclica "Libertas" de 1888 condena el liberalismo y el socialismo. Pio X en 1906 en la encíclica "Vehementer" condena la separación entre Iglesia y Estado… y podríamos seguir con un amplio elenco de condenas. Todavía hoy, reprueba la Iglesia el divorcio, los anticonceptivos, las relaciones sexuales fuera del matrimonio, las relaciones afectivas con personas del mismo sexo, numerosas innovadoras investigaciones médicas biotecnológicas,... ante lo que no podemos sino echar de menos una voz que despierte lo mejor de una tradición tan fecunda como la cristiana, que su jerarquía se empeña en ocultar. También se echa de menos, a pesar del tiempo transcurrido y de los cambios acaecidos, su toma de conciencia de que sus doctrinas, aunque totalmente respetables, en un Estado aconfesional, como es el nuestro, sólo deben tener pretensión de validez para sus fieles, no siendo en ningún caso legítimo que pretendan imponerlas a todos. Lo ilegal y lo pecaminoso hace ya tiempo que dejaron de ser una misma cosa.

Nada hay de malo en que los alumnos que lo deseen reciban enseñanza-catequesis de religión, por cierto, sufragada con dinero público pero bajo control de los obispos, y al mismo tiempo se formen en los valores cívicos y los fundamentos racionales de la conducta ciudadana democrática. En su sentido genuino, no deberían ser cosas incompatibles. Conocer y tolerar una diversidad que es real, no implica compartirla. No se entiende, por tanto, tanta oposición, porque, entre otras cosas, ni el gobierno ni los obispos son quienes dan las clases, sino los profesores. Y éstos, amparados en el reconocido derecho constitucional de libertad de cátedra, seguro que pondrán de manifiesto sensibilidades muy diferentes, como en cualquier otra materia objeto de estudio. Además, a nadie se le escapa que los materiales didácticos elaborados por las diferentes editoriales –y haberlas las hay muy afines a la Iglesia- tratan de modo variado los diversos temas. Hasta una prestigiosa editorial, ajena a intereses eclesiásticos, ha contado con una teóloga para elaborar sus manuales de esta asignatura. Por lo que no es fácil entender que se suscite tal controversia, cuando, como ya he señalado, los contenidos de esta asignatura no pretenden manipular ideológicamente al alumnado, sino que son contenidos fundamentales para afirmar y fortalecer la democracia desde la formación de ciudadanos un poco más responsables y conscientes del mundo en que viven.

Es cierto que la nueva asignatura pretende formar la conciencia del alumnado, como afirman quienes incitan a objetar, pero, entiéndase bien, formar en lo que afecta a sus derechos y deberes ciudadanos. Es triste, por tanto, que una asignatura tan necesaria en una sociedad que se autodenomina democrática se haya convertido en objeto de una campaña mediática tan aparatosa y manipuladora, que me temo que tiene entre uno de sus objetivos fundamentales confundir a la ciudadanía, pues la mayoría de la población, lamentablemente, no tendrá la posibilidad de conocer de primera mano cuánto hay de real y de artificioso en la polémica creada.


TÍTULO: SÍ A LA EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA

AUTOR: JUAN RAMÓN TIRADO ROZÚA

(Publicado en el Diario LA OPINIÓN DE MÁLAGA)